Capítulo 46.

528 26 19
                                        

Daniel.

Miro desde una esquina del pasillo si hay vía libre para ir a alguna habitación de esta planta en busca de Katherine.

Cuando veo que no viene nadie me acerco sin prisa, para disimular, a una de las habitaciones del pasillo.

Toco la puerta para pedir paso y se escucha una voz, joven y femenina, darme paso.

-Em...-musitó mirándole.

Es una chica morena que, podría asegurar, no tendrías donde pellizcar su piel, y, al lado de ella, una chica rubia, lo contrario a ella.

-Cuéntame.-dice la chica que acaba de sacar el móvil de debajo de las sábanas.

-¿Katherine?-trago saliva.

-Es la habitación de al lado.-dice la rubia.

-Pero vamos, que yo tengo mejor tipo que Katherine, que te puedes quedar.-interrumpe la morena provocando la risa de la rubia.

Río bajito y asiento.

-Gracias, chicas.-les sonrío y salgo de la habitación.

Carraspeo mi garganta, ya que ha sido un poco incómodo que esos cuatro ojos estuvieran clavados en mi cuerpo todo el tiempo que he estado ahí dentro.

Giro la cabeza y me dirijo a la puerta que me han indicado las dos chicas.

Toco, como antes, y paso de nuevo.

-¿Katherine?-vuelvo a preguntar y una adolescente de unos diecisiete años eleva la vista para revisarme de arriba a abajo.

-¿Referencias?-espeta seca y relamo mis labios.

-Karina Frey, planta de abajo.-intento mantenerme a su nivel vocal.

Asiente y pasa de estar recostada a estar sentada sobre la cama.

-¿Qué necesita la novata?

-Necesitamos.-mantengo mi mirada fija en sus grandes ojos.

-Parejita.-ríe y para la risa de golpe.-Demasiado empalagoso para mi gusto.-hace una mueca de asco que hace que mi ceja se enarque.- Qué necesitais la novata y tú.

-¿Puedes dejar de llamarla novata? Te lo agradecería.-suspiro.

-No, no la voy a llamar de otra forma, porque: ni quiero aprenderme su nombre, ni ha pasado más de un año aquí dentro. Dime que le hable de su nombre cuando la conozcan por llevar encerrada seis años aquí dentro. No esquives más preguntas, al lío.

Esa confesión me ha hecho estremecerme, pero debo seguir.

-Necesitamos escapar de aquí, una noche.-ríe negando.- Necesitamos los horarios de enfermeros, y direcciones de a dónde ir.

-Cariño,-ríe.- Eso te va a costar caro, pero yo te lo doy.-dice riendo y busca por el cajón de su derecha.

¿Caro?

-¿Qué precio?-me atrevo a preguntar siguiendo sus movimientos con la mirada y saca un folio con numeros y letras.

-Dos cosas.-revisa los papeles y me mira.- La primera.-se asoma debajo de la cama y saca una bolsa.- Llévate esta comida, es la de ayer y hoy, y se me va a pudrir.-carraspea y me tiende la bolsa, que yo cojo.

-Deberías comer.-musito, como sugerencia. Esta tía está en los huesos.

-No me digas lo que debo y no debo hacer, niño.-alza las cejas amenazante y asiento.

-Segunda cosa.-me repasa de arriba a abajo, de nuevo y se detiene en mi pantalón.- ¿Qué llevas en el bolsillo?

Mi tripa se encoje por segundos.

Esa pulsera me ha costado comprarla dos meses, y es para Karina.

-Nada.-respiro hondo.

-Claro,-dice como si fuera un niño pequeño.- y yo peso cincuenta kilos.-ríe sarcástica y detiene su risa, de nuevo.-Saca lo que llevas en el bolsillo.

Meto la mano en mi bolsillo y saco una caja azul oscura.

-Joyería cara.-sonríe.- Adelante, ¿qué es?-mira mis manos.

-Una pulsera.-musito y tiende su mano para que ponga la caja sobre ella.

-¿Qué te dio Karina?-le miro las manos.

-Unas gafas de vista, ibuprofeno y una pulsera metálica que llevaba en la mano.

-Vale.-le miro.- Dame su pulsera y la hoja y yo te doy esta pulsera.

Parece que mi trato ha provocado su risa, pero yo no le veo ninguna gracia.

-Me das el cinturón que llevas puesto y la pulsera.-levanta las manos.- Si no, no hay trato.

Muerdo mi labio, le doy la pulsera y el cinturón y ella me da la hoja y la pulsera.

-Un placer hacer tratos contigo.-se despide de mi y salgo por la puerta.

Lástima que el placer no haya sido mío también.

Vaya negocio tiene la tía montado.

Ilógico.

Pero lo peor ha sido que... que estoy cortando el tratamiento de una chica que tiene que estar hundida, hecha mierda. Y yo he contribuído.

Respiro hondo y cierro los ojos para despues irme de esa planta y bajar a la de mi novia.

Llego y voy a su habitación, pero antes de entrar escucho algo que me desconcierta, dicho por... por mi novia.

-Yo también te quiero, adiós, Jose.-ríe y posteriormente se escucha un pitido.






Hola bonitas.
Ya tengo el final preparado.
Y puede ser que me matéis.
No sé cuantos capítulos quedan.
Aquí tenéis un capitulazo de 820 palbraass.
Os quiero, y gracias por leer.
Votad y comentad.💚

A Que No Me Dejas.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora