Capítulo 4.

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El espacio era pequeño. Supongo que el suficiente para dos personas para vivir. Sigo a Aiden a través de las habitaciones. Abre una puerta y entra. Yo sólo lo sigo.
El ambiente se siente muy ligero, y tengo una sensación como si estuviera en casa. Supongo que es por ella.
Está acostada en su cama, y luce de unos 58 años. Se ve bien cuidada y feliz de verlo. Supongo que es su abuela.
El cambio en el me impresiona. Su fachada de seriedad se va, y le regala una sonrisa gigante, hermosa, deslumbrante. Descubro que tiene hoyuelos. Y que ya me gustan.
Se incorpora, y Aiden corre a ayudarla.

-Me da muchísimo gusto verte, A. Hoy te extrañe mucho.

-Yo también te extrañé, abuela. Mucho.
-responde con una mirada paciente.

Sé que lo acabo de conocer, pero me tiene fascinada. Porque es un poco como yo. Puedo ser fría e hiriente, pero mi fibra sensible son las personas que me importan. Y cambio completamente de personalidad.

-¿Y quién es esta muchacha de aquí?-pregunta ella, viéndolo dulcemente. Me adelanto antes de que el pueda contestar, pues automáticamente siento ese sentimiento protector, ya que es una persona mayor. Me recuerda a mi abuela.

-Hola, señora. Soy Alex, amiga del colegio de Aiden. Me da mucho gusto conocerla -digo sinceramente.

-Pero qué linda niña, A. Igual me da mucho gusto conocerte, lindura. -me dice ella.

Ellos dos empiezan a hablar de cosas privadas, lo sé porque el tono de voz de Aiden baja. Y esa es mi salida. Me voy a la sala y espero hasta que el regresa.
Vuelve 15 minutos más tarde, y se por el silencio que ya está dormida. Me hace una señal y cruza la puerta, hacia el exterior. Lo sigo.

Siento el aire frío de repente, y me arrepiento de no haber traído mi suéter temprano en la mañana. Me cubro los brazos en un intento de calentarme.

-¿Tienes frío? -me pregunta Aiden.

-Un poco, si.

-Ten mi chaqueta.

-Oh, de ninguna manera. -respondo- no te haré eso. Está muy frío y yo puedo aguantar hasta llegar a mi casa y...

Se ríe, una carcajada tan pura que simplemente me hace querer preguntar dónde venden mas de esas.

-Sólo pontela, tengo abajo camisa de manga larga. Vamos.

Me pasa su sudadera y la tomo, me la pongo a regañadientes. No quiero que tenga frío. Es su sudadera y tiene el poder sobre ella. Pero vaya, huele tan genial. Huele a el, una mezcla de sol, comfortabilidad y seguridad. Y a especias, claro. Es genial.
Subimos a su coche y antes de arrancar, toma mi brazo y me explica.

-Ella es mi abuela. No sé si pienses que fui muy ridículo con ella, pero te aclaro que en realidad no me interesa. Ella y mi familia son todo para mi. Entonces no sé si pienses que soy un tonto o algo pero... -no lo dejo continuar.

-Aiden, si crees que ver esto me hizo no sé, burlarme de ti, te equivocas. Eso es lo más respetable que encuentro en las personas. Cuando se preocupan por su familia. Así que no pienses que me reiré de ti o algo.

Me mira, y siento como que alguien me está mirando por primera vez. No solo a mi faceta burlona, si no a la que guardo para mí. Me mira con agradecimiento y suelta mi brazo. De repente cuando su toque se va, quiero que vuelva.

-No me equivoqué sobre ti. Una parada más; iremos por un café. -me dice, su expresión un poco relajada.

Podría hacer mil paradas más, y en verdad, no me importaría.

Hold Me Down.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora