17. Miguel.

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— ¿Por qué te ríes?—me dijo Alex cuando me puse a su lado.

— ¿Yo? No me estoy riendo—bueno, quizás estaba más contento que antes.

—Joder, eres un jodido bipolar—vi como Alex le daba una mirada a Rubén que se encontrado sentado hablando con Cheeto—. ¿Qué ha pasado?

—Nada...

—Miguel.

—No ha pasado nada, solo hablamos.

—Por tu cara de felicidad, parece que han follado—dijo mientras negaba con la cabeza—. ¿No han follado, verdad?

Ojalá.

—No, Alex. No hemos follado. Solo hablamos, capaz... las cosas se arreglen.

— ¿O sea, que te vas a dejar de portar como un gilipollas?

— ¿Cuándo fui gilipollas, Alejandro?

—Siempre eres gilipollas, Miguel.

Pude ver como Rubén negaba con la cabeza cuando Alvaro quiso darle una cerveza. No pude evitar sonreír. Me preguntaba hasta cuanto tiempo iba a durar así...

—Oye, ¿cómo esta Sofía?—Alex interrumpió mis pensamientos.

Me sentí mal por no pensar en mi novia.

—Bien, hoy iba a salir con sus hermanas—respondí mientras le daba un trago a mi cerveza. Podía sentir los ojos de Rubén en mí.

—Me cae bien—dijo Alex—. Es linda.

—Lo sé, pero...

— ¿No estás enamorado?

—No es eso... es solo que...

—Porque no es Rubén, ¿verdad?—Alex había dado justo en el clavo.

Asentí.

—Pues, Mangel—susurró Alex—, nadie nunca va a ser Rubén. Tienes que superar aquello, Mangel, te va a terminar matando.

Sabía que Alex tenía razón, pero aún así no podía olvidarme de Rubén por más que hacía de todo. Era como algo permanente en mi vida.

Ya estaba algo cansado así que dije que me iba, Rubén también lo dijo. Era tan obvio que me daba risa.

—Vamos juntos—dije. Alex me miro frunciendo el ceño y yo giré los ojos—. Nuestros departamentos quedan de paso, no me mires así.

—Vale, vale.

Rubén y yo nos despedimos de nuestros amigos.

Estaba haciendo frío y Rubén tenía sus brazos entrelazados para protegerse del frío. No pude evitar hacerlo: me saqué mi abrigo y se lo puse sobre los hombros.

Sus ojos verdes me miraron.

— ¿Tú no tienes frío?

Negué con la cabeza.

—No, además mi departamento queda cerca.

Rubén agarró más mi abrigo para taparse más y pude ver como ocultaba una sonrisa.

Cuando llegamos a mi departamento, empezó a sacarse mi abrigo pero negué con la cabeza.

—Quédatelo para ir a tu casa. Luego se lo das a Alex.

Rubén asintió y se mordió el labio. La despedida iba a ser incomoda.

—Oye...

— ¿Qué pasa, Rubén?

—Quiero... estuve pensando, y quiero que hagamos un trato.

— ¿Un trato?

—Sí, escucha: si yo... yo me enamoro de ti, tú... tú tienes que dejar a Sofía para estar conmigo. Y, solo, si también sigues enamorado.

Oh, Rubén, yo jamás iba a dejar de estar enamorado de ti.

—Trato—respondí. Total, ¿qué iba a perder?

Rubén sonrió antes de acercarse. Me tensé enseguida, la última vez que se había acercado a mí me había besado y no estaba seguro si esta vez podía alejarlo.

Me dio un beso en la comisura del labio antes de susurrar:

—Nos vemos en unos días, Mangel.

Me quede mirándolo hasta que desapareció en la noche y yo me adentre a mi departamento, antes de perseguirlo.


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Este capítulo se lo quiero dedicar a Irina (burlauron), eres un amor de persona, que lo sepas.

¡NO HAY PAN PARA TANTO CHORIZO!

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