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Mangel se encontraba en las puertas de Sol, había recibido el mensaje de Rubén; aunque había dudado al principio de ir o no... pero en todo caso ya no le importaba qué pasaría, la verdad es que solo quería verlo.

Respiro hondo antes de entrar por aquellas puertas y los ojos oscuros de éste recorrieron todo el lugar buscando a un chico.

Y lo encontró.

—Viniste—le dijo Rubén cuando Mangel se sentó, enfrente de él. Los ojos verdes de Rubén se detenían en todos los movimientos de Mangel, como agarraba un vaso y se servía jugo, como suspiraba...

No sabía porque lo había citado en Sol, no venían hace mucho tiempo. A ambos les traía recuerdos de cuando se habían conocido por primera vez, aquella tarde en Madrid... como Rubén lo sorprendió por la espalda a Mangel. La mejor tarde de sus vidas, para ambos.

—Supongo que es importante—respondió Mangel mientras se achicaba de hombros.

—Sí, pues... quería que fueras la primera persona en saberlo por mi y no por los demás.

—Te escucho—dijo Mangel mientras le daba una mirada a Rubén; se notaba nervioso, no paraba de mover sus dedos sobre la mesa ni de morder su labio.

—Yo... tu sabes que en YouTube empezamos juntos—dijo Rubén mientras alargaba las palabras con nerviosismo; Mangel solo asintió, no sabía bien a que iba Rubén—. Y que también fueron los mejores años de mi vida. Pero... llego el fin.

— ¿Qu-qué quieres decir?—preguntó Mangel con miedo, pues no esperaba aquello. Mangel estaba muriendo de miedo ahí mismo, él...

—Me voy a ir a Noruega. Voy abandonar YouTube, ya finalizo para mi, Mangel...

—Joder, no. No te voy a dejar hacerlo—se levantó rápido y la silla se cayó, pero no se detuvo a levantarla.

Solo quería salir de ahí, quería escapar, no podía creer que este día había llegado, no podía creer que estaba hablando en serio, no podía...

—Mangel...—escuchó la voz de Rubén a su espalda, suave, resignada.

—No—negó con la cabeza—, joder, no. No puedes estar hablando en serio. No puedes irte.

— ¿Por qué?—Rubén suspiro mientras agarraba el brazo de Mangel y hacía que éste lo mirara a los ojos, donde se conectaron por unos minutos—. ¿Qué caso tiene seguir en Madrid? Yo vine aquí por un chico, ese chico ya no me habla, ya no soy nada para él... ¿para qué continuar aquí?

—No puedes irte, Rubén, es todo lo que te diré.

—Dime más, eso no es suficiente.

Mangel se sentía perdido, ya sabía que no iba a convencerlo para que se quedara y sabía que estaba siendo sumamente egoísta por no dejarlo ir, pero luego se imagino no mirarlo nunca, no saber nunca más nada de él... como esos diez años podrían convertirse en nada en unos meses.

—Porque te amo, joder—le gritó Mangel. Ya no le importaba qué dirían la gente que pasaba por ahí, ya no le importaba ni siquiera lo que Rubén le diría—. Te amo. Y si te vas... si abandonas eso, me estás abandonando a mí. Estás abandonando diez años de todo. Tal como dijiste, viniste a Madrid por mí... y te vas porque ya no es igual. Rubén, una amistad no se basa en los años que nos conocemos, nuestra amistad no se basaba en eso... se basaba en que, por más problemas que teníamos, siempre permanecíamos juntos.

—Mangel...

—Sí, sé que no soy el mismo de hace diez años atrás, tu tampoco lo eres. Éramos dos niños, Rubén, solo queríamos conocernos... tu en Noruega, yo en España. No quiero volver al lugar donde empezamos. Desde que te conocí he deseado tenerte aquí... no te vayas, por favor.

—No puedo, Mangel...

—Si no quieres quedarte por mí, hazlo por los chicos, son tus amigos. Hazlo por... por tu novio—a Mangel le dificultó decir eso, pero aún así tenía que acostumbrarse.

—Lucas ya no es mi novio—dijo Rubén mientras hacía una mueca.

Mangel no entendió por qué, pero se sintió aliviado al escuchar esas palabras, aunque se sentía cruel por eso. Eran dos sentimientos raros. Aliviado porque Rubén estuviera solo y cruel por tener ese alivio.

— ¿No?

—No. Él... él dice que nunca lo voy amar como te amo a ti. Y te juro que lo intente, yo... pero no, no es intentarlo, es sentirlo. Y no quiero lastimarlo, no...

—Pero no lo puedes evitar—dijo Mangel mientras suspiraba—, no puedes evitar lastimar a Lucas como yo no puedo evitar no amar a Sofía.

—No, no puedo amarlo como te amo a ti—confesó Rubén.

¿Total, qué le quedaba ya? Nada. No importaba lo que perdía porque en realidad ya lo había perdido, al chico que tenía en frente ya lo había perdido hace mucho...

— ¿Sabes qué?—dijo Mangel mientras negaba con la cabeza—, ellos fueron muy valientes. Se animaron a... a entregar todo sabiendo que lo más probable es que salieran perdiendo. Nosotros pensamos que era lo más conveniente para todos, para ellos, para nosotros, pero nos salió mal. Todo nos salió mal. No puedo amarte con tanto dolor, Rubén. Si solo pudiera volver atrás el tiempo... pero no, no se puede. Y probablemente jamás se pueda.

—El amor es un camino de ortigas...—dijo Rubén recordando las palabras de su madre hace meses, supuso en ese momento que tenía razón.

— ¿En serio vas a irte...?

Rubén asintió mientras suspiro.

—Aún tengo los pasajes que me diste, me sobra uno pero...

—Puedes guardarlo, por si vuelves—dijo Mangel y le dio una mirada de reojo a Rubén. Realmente quería estar con él, quería abrazarlo ahí mismo... pero no podía, algo lo impedía.

—Lo tendré en cuenta—dijo Rubén mientras daba una media sonrisa.

Mangel se fue acercando lentamente y se sintió estúpido por la pregunta que iba hacer, pero no podía evitarlo.

— ¿Puedo abrazarte?—dijo mientras suspiraba, antes no lo debía preguntar; antes simplemente lo hacía, estiraba los brazos y lo acercaba a él... pero algo cambio.

—Si, Mangel—dijo Rubén mientras agarraba las manos de su... amigo, y las ponía alrededor de su cintura, éste apretó su cadera mientras lo acercaba a su cuerpo. Rubén paso los brazos por el cuello de Mangel y escondió su cara entre el hueco de su hombro y cuello; y respiro... respiro la colonia de Mangel, sintiéndose protegido.

Y cuando se separaron poco a poco, se miraron a los ojos. Y no se necesito palabras ni nada, simplemente sus ojos conectándose como muchas veces antes. Primero fue Rubén quien los cerró. Luego Mangel. Y entonces unieron sus bocas. Era como si ya se conocían, ya sabían donde encajaban, manos, piernas, bocas... se pertenecían.

Y a la vez se perdían.


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Para Nay, sabes que te amo demasiado y me hiciste reír un montón mientras escribía este capítulo. Gracias, pelotuda de mierda, te debo mucho <3

Uncover.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora