3| El mismo bache dos veces

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flashback

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flashback.

—Son las magdalenas más ricas que he probado. —la felicitó Sam. Por cuarta vez consecutiva en una semana. Luke lo miró con la palabra traidor en los labios.

—¿De verdad? ¡Mañana voy a preparar medialunas saladas! —se emocionó el demonio rubio y pecoso, cuyo nombre, era Zoey Williams.

Era tan insistente que siempre acababa por convencer a Sam de jugar a lo que ella deseaba. A Luke no lo lograba sobornar, pero con tal de que se callase, él se comería cada una de las medialunas y magdalenas imaginarias.

—Es todo falso.—Esa vez Luke no se pudo contener. Miró de mala manera a Sam:— Como el agua, como el té. ¡Y como tus palabras! Hemos perdido toda la semana en estas tonterías, y ahora, seguro, vamos a perder.

No solo estaba enfadado, estaba angustiado. No podían permitirse volver a perder contra Tayson. Ni contra su pandilla de amigos que se había instalado en el patio del recreo desde el año pasado y no nos dejaba salir.

—¿Van a perder qué?—preguntó Zoey.

—Todos los veranos, antes de iniciar las clases hacemos una competencia para decidir quien se quedará con el patio principal del recreo. —le reveló. —Tayson Phillips es un bravucón que solo quiere que su pandilla y él tengan el derecho.

—Este año yo lo voy a vencer y tendrá que quedarse todo el año dentro del salón. —le dejó claro.

—¿No es peligroso que dos personas se tiren de una sola patineta?—Zoey miró a Luke con su mejor cara de intriga.

—Solo lo es cuando ya has cambiado los dientes.

—Pues yo también quiero entrenar. —Las medialunas ya no le parecían tan divertidas— ¡El hada de los dientes vendrá más pronto y por fin la voy a conocer! Soy mas ligera y eso hará que la patineta baje más rápido por la colina.

—¡Esa es una idea increíble!—apoyó Sam, ciertamente apreciaba más sus dientes que un patio de recreo —Ahora vamos a ganar seguro.


L U K E

Cuando era niño desarrollé una teoría peculiar: odiar a alguien se siente peligrosamente parecido a estar enamorado ella.

Cada vez que pensaba en esa persona que me sacaba de quicio, el corazón me daba vueltas como si estuviera en una montaña rusa. La adrenalina se disparaba como si me hubiera tragado un expresso triple. Su cercanía me provocaba náuseas; su distancia, ansiedad. No sabía si estaba en su casa tramando mi sacrificio a los dioses o construyendo un muñeco vudú. Necesitaba tenerla cerca... para vigilarla.

En su momento, odiar a Zoey era como estar enamorado de ella. Y detestaba eso porque no podía quererla, así que me forzaba a dejar de odiarla a pesar de que quisiera seguir haciéndolo. Supongo que por esa razón, ese tira y afloje terminó volviéndose muy confuso.

Dos veces hasta prontoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora