Pasaron seis años desde la última vez que Sam y Luke tuvieron noticias de Zoey, su amiga de la infancia.
Ahora, Zoey ha vuelto a la ciudad porque Sam la necesita.
Todos los buenos recuerdos de Samuel los protagonizan sus dos viejos mejores amigos...
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flashback
—Mira que eres cerda.—Luke le reclamó.
—¡Y tú no has pensado en nada mejor!—las ,mejillas de Zoey se habían puesto rojas después de su declaración —Sam no ha besado a nadie y dijo que este año intentaría hacerlo.
—¿Qué pasa si tienes mal aliento y le arruinas la experiencia? ¿O si te chocas con sus dientes y, además de quedarse calvo, termina siendo un chimuelo?
Las manos de Zoey volaron a su boca, cubriéndose con horror ante esa idea.
—A ver, huéleme.—le exigió.
A Luke todo eso le parecía una tontería, pero sabía que cuando Zoey se tomaba algo en serio, no había quien se lo quitara de la cabeza. Su cara estaba tan cerca de la de ella que podía contarle los lunares. Como había supuesto, Zoey olía a frambuesas, el mismo perfume de su madre, con un toque dulce a caramelos que solo en ella lograba reconocer.
—No lo matarás con un simple aliento.
Odiaba con toda mi alma que algo tan estúpido me afectara y me acelerara el pulso.
—¿Ves? Te lo dije.—dijo Zoey con una sonrisa triunfante.
—Pero todavía puedes romperle un diente.
—No quiero lastimar a Sam, eso sería horrible.
—Mejor regálale una tarjeta.
—¡Nadie puede morir sin haber dado un beso!—exclamó ella, elevando la voz sin querer.
—¡Sam no va a morir, Zoey! —exclamé, elevando la voz sin querer.
Zoey retrocedió unos pasos, sorprendida.
—No, es verdad, Sam no lo hará —murmuró después, dándose cuenta de lo que había dicho. —Samuel nunca moriría. O bueno, quizá solo cuando sea muy viejo. Como Drew.
—Eres una experta en reflexiones de la vida.
L U K E
Despierto empapado en calor, con la luz del sol filtrándose por la ventana porque nadie se ha molestado en cerrar las cortinas. Al mirar por el cristal, veo que estamos estacionados en una gasolinera con autoservicio. Todos han bajado; seguramente me dejaron dormir, compasivos con las horas de carretera.
Sin embargo, al entrar al baño, no espero encontrar un par de hojas fatalmente escondidas detrás del cubículo.