35| Negacionistas

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L U K E

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L U K E

La frase más popular que conozco es esa que dice que todo sucede por un motivo. Cuando se la dices a alguien que está atravesando una situación difícil, suele sentirse un poco más tranquilo. Todo se deja en manos del destino; no hay nada que hacer, porque si el destino ya está escrito, las cosas sucederán exactamente como deben. Sin embargo, los negacionistas piensan lo contrario: creen que las cosas ocurren sin razón alguna y que, si aceptas los golpes de la vida sin actuar, eres responsable de tu propia desgracia. Para ellos, no existe un destino inamovible ni cartas ya jugadas; lo que sucede puede trascender cualquier intento de entenderlo o de cambiarlo.

Yo soy uno de esos negacionistas, un firme creyente en que podemos desafiar al destino y joderle sus planes. Sam, por su parte, prefiere confiar en que el universo decidirá por él. Esa disyuntiva, que lleva años intercediendo en nuestra amistad. Yo creo que, si realmente te esfuerzas y luchas por lo que quieres, puedes cambiar las circunstancias. Pero hoy, esa idea se siente vacía. Si existiera alguna forma mística de intercambiar cuerpos lo haría sin dudarlo, lo haría si de esa forma, Sam no estuviera siendo trasladado en una camilla a un quirófano donde el dueño del bisturí es el universo.

Por otra parte, Filmore decide abandonar este mundo en el peor momento de todos. Intento arrancar el motor un centenar de veces, pero no hay solución. Entonces, debemos recurrir a una alternativa que me pone los pelos de punta: Sophie toma su teléfono y llama a Cassie Payne. Nos explica que, durante el concierto, mientras ella y Sam nos buscaban, se encontraron con ella y que fue en esos instantes precisos cuando Sam empezó a sentirse débil. Cassie y Sophie lo llevaron hasta la carpa de salud más cercana, intentaron localizarnos, pero jamás respondimos a sus llamadas; de ahí provienen los mensajes de un número desconocido que llegaron al teléfono de Zoey. Cuando Samuel dejó de reaccionar, no les quedó más remedio que llamar a una ambulancia y dejar que se lo llevaran.

No puedo evitar sentirme un imbécil por no haber estado allí cuando eso sucedió.

Ahora, voy en el asiento trasero de un coche junto a Zoey, mientras Sophie le da instrucciones a Cassie para llegar al hospital. Siento dos nudos: uno en el pecho y otro en la boca del estómago. Ni el fuerte agarre de Zoey en mi mano cuando bajamos del coche logra deshacer esa tensión.

El eco de nuestras pisadas resuena en el extenso pasillo blanco. El hospital de Santa Mónica nos recibe con un fuerte olor a desinfectante. Con la mano de Zoey todavía entrelazada con la mía, enderezo los hombros y nos dirigimos a la UCI. Como la que mejor conoce la situación, Sophie va al frente y no espera a que alguien se le adelante para arrinconar a la recepcionista en busca de respuestas.

—Han traído a mi novio —le dice, después de presentarse.

La mujer, no muy mayor, asiente y comienza a buscar algo en su portátil.

—¿Alguien es familiar directo?

Nos mira a todos, soy yo quien responde:

—Ya hemos llamado a su madre, pero por ahora solo nos tiene a nosotros.

Dos veces hasta prontoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora