20| Al final, mujeriego no era

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flashback

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flashback

—¿Qué sucedió? —Luke sentía el corazón aún algo desbocado y la sangre muy revuelta cuando su padre le hizo esa pregunta al doctor Phillips a llegar al hospital.

—La EICH provocó tejido muerto en los pulmones. No lo detectaron a tiempo y ahora necesita una operación de urgencia. La cosa pinta mal.

Luke sintió en sus tripas y en todo lo que lo rodeaba el temblor, el desequilibrio y el vértigo en esas palabras.

—¿Que tan mal?—la pregunta salió de él.

—Es una operación arriesgada, si Sam sobrevive, estará entubado un tiempo.

A pesar de que odiaba al padre de Tayson, en ese momento le agradeció por ser el único adulto que le decía las cosas con franqueza, sin esconderse tras las apariencias, sin omitir la verdad solo por su edad.

—¿Y Zoey? ¿Ya llegó? —la pregunta salió de sus labios sin que pudiera detenerla. Jamás imaginó que alguna vez esa frase sería parte de su vocabulario. Sin embargo, antes de que pudiera arrepentirse o replantearse lo absurdo de su inquietud, el doctor Phillips respondió con la misma sinceridad de siempre:

—Ojalá pueda hacerlo. Francamente, no estoy seguro de si a su amigo le queda mucho tiempo.



Z O E Y

—¿No cenamos juntos, entonces? —pregunto, intentando ignorar mi inquietud.

—Claro que no —Sophie me reclama—. ¡Tienes una cita con un supermodelo!

Quizá «supermodelo» sea un término exagerado. Pero, sinceramente, nadie con dos dedos de frente puede decir que no resulta ser un chico atractivo. Moreno, de ojos color chocolate, alrededor de 1,80 metros, todo eso combinado con un estilazo innegable y unos rizos que parecen haber sido cuidadosamente despeinados.

—Es una pena, porque es muy improbable que haya otro bufé como este durante el viaje —se lamenta Sam.

Pasamos dos horas en la nieve esquiando y probando las diferentes pistas de la montaña. Ahora, todos bajamos de nuevo al hotel hambrientos y cansados, exceptuando a Hayacinth, que tuvo que seguir trabajando.

—Puedo atrasar la cita una hora para ir a cenar con ustedes —comento, con la verdad en la lengua. —Realmente me muero de hambre.

—Ya vas a comer —escucho murmurar a Luke, desde el fondo de nuestra marcha.

—Aunque luego deberías volver a subir a la habitación para cepillarte los dientes —advierte Sophie. Y yo asiento, tiene razón.

—Créeme, el dolor de espalda no merece la pena. —escucho decir a Luke.

Dos veces hasta prontoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora