Pasaron seis años desde la última vez que Sam y Luke tuvieron noticias de Zoey, su amiga de la infancia.
Ahora, Zoey ha vuelto a la ciudad porque Sam la necesita.
Todos los buenos recuerdos de Samuel los protagonizan sus dos viejos mejores amigos...
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flashback
—¿Otra vez solo?
La pregunta del profesor ya no molestaba a Luke.
—Nadie quiere hacer equipo conmigo, señor.
A pesar de que de antemano, sabía la respuesta, Luke no impidió que el hombro consulta en voz alta a sus demás estudiantes si alguien quería a Luke en su equipo.
Nadie levantó la mano, todos los equipos estaban llenos.
—Puedo trabajar solo, señor. —insistió.
Notaba un peso sobre los hombros del que él mismo tiraba hacia abajo con tanta fuerza que era imposible dejar de percibir su existencia. ¿Pero, se arrepentía? La respuesta era muy sencilla, por supuesto que no. Algún día, la secundaria terminaría, iniciaría la preparatoria y para esas fechas, Samuel estaría mejor. Era solo cuestión de tiempo.
Algún día, ese hospital quedaría solo en el recuerdo.
L U K E
Besar a Zoey Williams a los diecinueve no es lo mismo que haberla besado a los doce. En primer lugar, porque aquel beso fue un roce de labios al margen y reticente; este, en cambio, es un encuentro de bocas fogoso. Siento la calidez de su boca sumergirse en la mía. El arrebato me sorprende, pero no puedo alejarme; la necesidad es incontrolable, quizá porque un disparo puede acabar con todo en cualquier momento y ninguno de los dos tendrá que buscar justificaciones.
Sin embargo, eso no sucede.
Los refuerzos de la policía llegan a la gasolinera y destrozan la puerta para atrapar a los delincuentes. Con los ladrones esposados en el suelo y sin más daños que unas latas de refresco destrozadas en la vitrina, nos sacan de la tienda y el caos se disipa rápidamente.
Y así, las palabras que Zoey pronunció momentos antes, cuando pensaba en huir, resuenan una y otra vez en mi mente, explotando en mi interior como una bomba.
—Luke, mierda. No sé por qué hice...
Pero no puedo escuchar sus disculpas. Hay una frase que retumba en mi cabeza y en lo único que puedo concentrarme. Ella lo nota, su mirada parpadea entre el arrepentimiento y el pánico. Con un gran esfuerzo, me dirijo a un oficial y le pido ayuda para llegar a la furgoneta. Mis manos se sienten vacías y mi estómago revuelto cuando nos deja delante de ella, junto a las patrullas y las luces. Sam y Sophie salen de ella.
—Se van caminando y vuelven en patrulla. ¿Quién intentó matar a quién? —bromea Sam.
—Te vas a morir ¿verdad? —pregunto, sintiendo cómo la rabia y la desesperación se apoderan de mi pecho.