Pasaron seis años desde la última vez que Sam y Luke tuvieron noticias de Zoey, su amiga de la infancia.
Ahora, Zoey ha vuelto a la ciudad porque Sam la necesita.
Todos los buenos recuerdos de Samuel los protagonizan sus dos viejos mejores amigos...
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flashback
A mitad de curso, cuando estaban más cerca de ser grado junior y dejar la escuela primaria. La noticia que les cayó a Luke y a Zoey uno de los días que fueron a visitar a Sam, les cerró el estómago de golpe.
—Es una porquería —Luke sentía unas ganas insipientes de romper algo.
A su lado, Zoey estaba llorando. Últimamente se sentía muy sensible, quizá porque estaba cercana a la pubertad, quizá porque su mejor amigo había empeorado, o quizá porque la situación en su casa ya no daba para más.
—Después de la operación todo tenía que salir bien. Como es posible que esa cosa....—El nombre que la enferma había pronunciado hace un par de horas, se le hacía difícil de recordar.
—EICH. —le aclaró Luke. Para él, una vez que había buscado todo lo que implicaba la enfermedad en internet, ya se le era imposible de olvidar. —Leí que es una complicación que puede suceder después de un trasplante de medula, puede cronificarse con más operaciones.
—¿Eso significa que lo tendrá para siempre?
No quiso levantar la cabeza y decirle que sí. Que muy probablemente lo sería porque justamente ahora, Samuel estaba otra vez a la espera de una operación nueva.
—Significa que Sam necesita sentir que nos tiene ahí, para lo que sea.
—Voy a buscar hadas en el jardín de casa y les pediré por él.
Luke había descubierto que esa era la forma en que Zoey encontraba consuelo los últimos meses. Le había parecido absurdo antes, pero en ese instante, él también se aferró a esa idea con todas sus fuerzas. Luke cerró los ojos, inspiró profundo y pensó: Que los médicos se hayan equivocado y no sea leucemia. Por favor, si de verdad existen, que Samuel esté igual de sano como siempre.
L U K E
A la mañana siguiente, nos despertamos temprano bajo un cielo claro. Después de desmontar el campamento, avanzamos hasta la zona de recepción y estacionamiento, donde Filmore ha pasado la noche. Devolvemos la carpa que habíamos alquilado y, para nuestra sorpresa —la única buena gota de suerte que hemos tenido hasta ahora en el viaje— encontramos a Sophie y Sam haciendo lo mismo.
—¿Qué te dije? Sobrevivieron —exclama Sam, dándole un golpecito en la espalda a Sophie justo cuando nos acercamos.
—Estábamos pensando en activar un plan de búsqueda y rescate —nos saluda, preocupada—. Samuel estaba casi convencido de que un oso había hecho una barbacoa con ustedes dos.
La veo sacar de su mochila bocadillos que nos deja al alcance. No nos deja tomar ninguno hasta que nos hace un chequeo rápido y se asegura que no nos falta ninguna parte.