23| Recuerdalo

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flashback

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flashback

—¿Le has preguntado a su padre?

Luke asintió.

—¿Y la has llamado esta semana?

Le dijo que sí.

—¿Y si probamos mandar una carta por correo?

Sam había salido de la operación hacía tres semanas, y había tenido todo ese tiempo para pensar de qué manera podían contactar a Zoey para saber que había pasado. Se mantenía positivo, sabía que, en algún lado, habría un motivo valido.

Por otro lado, Luke había aprendido que el dolor era menor cuando el vaso estaba vacío desde el principio, en lugar de ver cómo el agua se evaporaba

—Ella no quiere saber de nosotros Sam. Nos dejó.

Se esforzó por alejarlo, por ocultarlo, por ignorarlo. Pero estaba tan asustada, tan enojada, tan decepcionada, que todos sus intentos fueron en vano.

—Es imposible que Zoey haya hecho esto. Es nuestra amiga, no se iría sin despedirse, no se iría habiendo hecho una promesa.

Su imagen flotaba entre los dos como la de un fantasma.

—Pues supongo que nunca fuimos tan amigos como pensábamos que éramos.


L U K E

El sol derrama su luz dorada sobre la carretera. Esto crea un juego de sombras danzantes que se proyectan sobre el asfalto mientras la camioneta avanza. Aún quedan unas ocho horas para llegar a Las Vegas, y si el coche aguanta sin quejarse, podríamos capturar la esencia de la vibrante vida nocturna que promete la ciudad del pecado esta misma noche.

—Debí haber apostado por tijera —murmura Sam, mientras se acomoda en el asiento del copiloto.

—Siempre eliges lo mismo —le respondo, escuchando el sonido del coche debajo de nuestros pies.

—Y siempre pierdo. No sé por qué me dejas el azar a mí. Al final, tú eres más tonto que yo.

Y tengo que darle la razón: perdimos la apuesta contra ellas. Decidimos con un juego de piedra, papel o tijera quién se quedaba despierto y quién descansaba. Zoey me derrotó con su tijera. Sam y Sofía empataron hasta que Sophie lanzó su carta maestra: papel sobre roca.

—De todos modos, Sophie se merece un descanso. Después de todo, se ocupó de conseguir nuestras habitaciones en un hotel de cuatro estrellas. Y ahora también encontró uno a buen precio en Las Vegas. — justifica su derrota —Y no olvidemos que es ella quien cocina para nosotros.

—Sí, claro. Sigue con tus pretextos para no admitir que le diste la victoria solo porque te gusta.

—¿Es mala idea pensar que ella puede estar sintiendo lo mismo por mí? No me mires como si estuviera loco, estoy un dieciocho por ciento seguro de que me está mandando señales, y eso, para mí, es estar bastante seguro.

Dos veces hasta prontoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora