34| Con el corazón

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Z O E Y

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Z O E Y

No lo ha hecho por ti.

¿Desde hace cuánto lo planeaba? ¿Desde cuándo tenía intenciones de venir hasta Santa Mónica y usar el concierto como excusa para guiarnos hasta ella?

Me he quedado como una tonta, creyendo que el último tramo fue inesperadamente diseñado solo por mí. Igual me lo imaginé todo. Igual yo soy la única que se siente como si acabaran de arrancarle las entrañas. Tenía su propia intención escondida muy en el fondo, deseaba verla a ella y reencontrarse de nuevo para perdonarla y hacer las cosas distintas esta vez. Allí estaba: el interés propio en su máxima expresión.

Un nudo se forma en mi garganta, y me resisto a dejar que salga, no quiero montar un espectáculo. Me escabullo entre la multitud que baja las escaleras, dirigiéndose a los puestos de comida, tratando de escapar de la mirada triunfante con la que ella me ha observado. Recordarlo me da náuseas. ¿Han hablado en las últimas semanas? ¿Intercambiaron números? Mientras mis mariposas en el estómago comenzaban a aletear con fuerza por su cercanía, ¿las suyas revoloteaban al ver que tenía un nuevo mensaje de ella? No solo siento náuseas, siento que voy a vomitar.

Dejo que mis pies se deslicen sin rumbo, alejándome del caos. Mi primera opción es buscar a Sam y Sophie, pero sé que eso es justo lo que él espera que haga, y no quiero que aparezca con Cassie siguiéndolo. Las llaves de la furgoneta tintinean en mi bolsillo; no tengo muchas opciones, ese es mi plan B.

Qué ilusa eres, pensar que Santa Mónica era solo por ti...

Eso de querer a alguien un día y odiarlo al siguiente es una sensación que encoge el estómago y que no quiero que se vuelva a repetir. Cuando llego a la furgoneta, el tanque de gasolina está un cuarto por encima de la mitad, es suficiente para un viaje al Gran Cañón y regresar, pero eso no impide que introduzca la llave e intente poner el motor en marcha en busca de la gasolinera más alejada de Santa Mónica.

Sin embargo, cuando espero escuchar el rugido del motor, el silencio inminente dentro de las paredes metálicas es mi única compañía.

No arranca.

Intento una segunda vez.

¡Maldita sea!

¿Hasta aquí has llegado, Duquesa? ¿Justo ahora?

Mi teléfono marca que han pasado siete minutos mientras sigo intentando, sin éxito, arrancar la furgoneta. Tengo dos llamadas perdidas y cinco mensajes de Luke. La respiración se me acelera; no deseo hablar con él ahora mismo. Suena una llamada más y la tiro a un lado. Luego otra, y otra más, pero dejo que salte el buzón de voz.

Y justo cuando creo que no puede empeorar, Duquesa decide no encender en absoluto. Empiezo a pensar que sería mejor recoger mis cosas y perderme por ahí, para alejarme de todo. Pero en ese instante, la puerta de la furgoneta se abre y todos mis planes se desvanecen en un instante.

Dos veces hasta prontoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora