29| Otra vez

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LUKE

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LUKE

Mi mente está en completo caos, y eso me irrita. De todas las cosas que odio, la impulsividad es la que más me molesta.

Ella me besó, pero luego quiso hablar de ese beso y la ignoré sin decir nada. Después, estuve a punto de besarla yo (¿en serio casi lo hice?), y ella me devolvió la jugada, apartándose de mí. Ahora, ninguno de los dos menciona nada—ni el beso, ni el casi beso. — Y la palabra beso resuena en mi cabeza como una canción repetida en una radio sin pausa.

Maldita sea la decisión que tomé al subirme a esa furgoneta.

La vida debería tener un manual que incluya un capítulo dedicado a enseñarnos cómo dejar de lado lo que nos afecta. Sería mucho más fácil si pudiéramos escapar de esos pensamientos... o, al menos, de aquellos que desencadenan un torbellino de emociones nuevas.

Sin embargo, la realidad es muy distinta. Lamentablemente, parece que está diseñada para complicarnos la existencia.

Así que, aunque no puedo evitar ciertos pensamientos, sí puedo distraerme con otros. No hay nada mejor que un tour de Harley Davidson, disfrutando del espectáculo más grandioso de motos del mundo, y cerrar la noche siendo un falso testigo en una boda entre Batman y Marilyn Monroe.

Regreso a mi cuerpo, como cuando uso el GPS del móvil y pulso el botón que me lleva hasta la flechita del mapa y cambia la perspectiva de la pantalla. Pues, reflexionando, Monroe era rubia, igual que cierta persona, y Batman un engreído malhumorado, muy parecido a otro. Esta es mi nueva perspectiva: tengo la boca seca, el corazón me aporrea las costillas, la cabeza se me distrae fácil volviendo a la gasolinera. La diferencia entre mi manera de verla en Pensilvania a ahora es como la diferencia entre la lluvia y la sequía, y... Mierda, no, no, no, no, no. Zoey no puede estar provocándome todo esto.

Ahora, cuatro horas después, salgo de la ducha y maldigo no haber hecho más planes que me mantuvieran distraído. En la habitación, sin embargo, un teléfono no para de sonar, y no es el mío.

Samuel se ha dejado el suyo antes de salir a recorrer la ciudad por su cuenta.

—¿Hola? —contesto.

—¡Sam!

Es Sophie.

—No. No está.

—¡Luke! —se alegra de mi voz—. ¿Dónde está Sam?

—Salió hace un rato. ¿Qué sucede?

Un escalofrío me recorre. Hace tiempo que salió y no tengo noticias suyas. Pensé que se encontraría con Zoey y Sophie, pero ahora que pregunta por él...

—¿Qué pasa, Sophie? —pregunto.

—No es nada con Sam, no te preocupes. Pero Zoey está pasada de copas y necesito ayuda para llevarla a la habitación.

Dos veces hasta prontoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora