19| Camarones para cenar

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flashback

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—Luke, levántate.

—Es domingo—murmuró, y se dio la vuelta para seguir durmiendo a cuestas de su padre.

Sin embargo, este le quitó la frazada y dejó salir las palabras que hicieron saltar de la cama a su hijo.

—Samuel ha entrado en cirugía.


L U K E

Al llegar a la cima, lo primero que vemos es a una chica de veintitantos años, con el pelo castaño hasta los hombros y la tez pálida, que suelta un grito capaz de provocar una avalancha al ver a su hermana.

Las hermanas Morel, idénticas a pesar de la diferencia de edad, se abrazan y hablan muy animadas mientras nos adentramos en la tienda de esquí. Agradezco la calidez del interior al entrar y, aún más, que suene mi teléfono, lo que me da una excusa para alejarme de los gritos y la excesiva felicidad.

Cuando estoy lo suficientemente lejos, junto a los ventanales con vistas a la pista de esquí, contesto la llamada:

—¿Te volviste huérfano o has olvidado que tienes familia en Pensilvania?

Es la voz de mi hermano.

—No he tenido mucha señal.

—No es excusa ¡casi matas a tu madre! —esta vez escucho la escucho a ella protestar.

—¿Estoy en altavoz?

—Si no fuera por Sam, que mantiene a Evelyn al tanto, ya estaría en un avión buscando dónde estás.

Mi madre, una mujer que nos heredó su terquedad y obstinación. Ella dice que no, pero a su edad ya debería haberse jubilado y descansar. Sin embargo, es incapaz de decirle que no a un nuevo paciente en su consultorio

—Lo siento, mamá. Prometo no rechazar más llamadas.

—¡Yo les he asegurado que estas en buenas manos! —escucho la voz de la prometida de mi hermano.

—¿En serio estoy en altavoz?

—No has contestado a otros mensajes, ¿qué más podemos hacer? —responde mi madre, otra vez dueña del teléfono—. Necesitamos saber de ti.

Por un momento, mi atención se desvía hacia la recepción, donde un chico coquetea con una chica. Se despiden cuando ella le pasa su número y él rápidamente, pasa a otra.

—¡Te extraño, tío Luke! —la voz de Oliver me saca de mis pensamientos. Hasta el momento, he olvidado que tengo un sobrino de siete años a quien prometí conseguirle un obsequio enorme—. ¿Has conseguido ya mi regalo?

—Todavía no. Nada es lo suficientemente grande, pequeño pesado.

—Mamá, me llamó pesado.

—Dile que él es el adoptado —se asoma mi hermana.

Dos veces hasta prontoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora