Capítulo 29: Una chica peligrosa

591 53 12
                                        

Nos desviamos varias veces por caminos que yo aún no había visitado. Los agentes y guardias que supuestamente buscaban al fugitivo peligroso barraban el paso y vigilaban a todos los que se acercaban.

De repente la residencia se había convertido en una especie de cárcel. Me sentía totalmente observada.

Y si yo ya me sentía así, ese hombre que se cruzó conmigo se debía sentir peor. Si lo hubiera sabido antes quizás le habría ayudado, ahora era demasiado tarde.

—¿Dónde vamos? —le pregunto a Richard.

Nuestra ruta se basaba en dar vueltas, hacía un rato que yo ya me había perdido. Mi orientación siempre tan eficiente.

—Vamos a un sitio protegido, cuando hay alarmas siempre llevamos a los pacientes a un lugar común. —dice.

La manera tan sutil de ese hombre de hacer largas las respuestas, hablando mucho para no decir nada, era épica. Es increíble.

Se le nota que es doctor, debe de ser la práctica.

—¿Y dónde vamos? —repito, buscando la ubicación exacta de ese lugar en concreto.

No me dice nada y solo señala hacia delante. El pasillo estaba en silencio, me pareció ver una gran puerta abierta al final, con un guardia en la puerta.

—Vamos a este sitio, pequeña.

Mi mirada se mantuvo fija al horizonte hasta el momento de entrar dentro.

Era la sala de visitas, donde conocí a Andrea por primera vez.

¿Qué? ¿Tanto misterio para esto?

—Ven, siéntate. —me ordena, me acompaña hasta una mesa solitaria en el rincón, un lugar seguro para mí.

Retira la silla de su sitio y me obliga a sentarme y no moverme. Yo lo hago, pero al ver que él no hacía lo mismo no puedo evitar quejarme.

—¿No se queda conmigo? —le pregunto, y eso le hace parar de golpe y girar la cabeza para mirarme.

—No puedo... —responde entristecido, pero aun así hace el esfuerzo de sonreír para intentar animarme.

No le funcionó mucho, pero le devolví la sonrisa igualmente. Por él fingí que no había ningún problema, pero en realidad no me hacía ninguna gracia quedarme sola rodeada de gente desconocida.

Se despidió de mí y le vi desaparecer por uno de los muchos pasillos de fuera. Y después de eso poco a poco la estancia se fue llenando de pacientes y algunos enfermeros, llegaron a cubrir todos los sitios.

La gente hablaba, muchos hablaban solos, yo permanecía callada. Hasta los locos tenían más vida social que yo.

Recuerdo haberme quedado justo donde Richard me ordenó, pensando en lo mal que lo debía estar pasando ese paciente que había escapado.

Si hubiera sido más lista le hubiera indicado un poco dónde quedaba la salida, o quizás le hubiera dicho que se escondiera por algún lugar para luego yo ayudarle.

...soy demasiado lenta. Mi cerebro piensa demasiado lento.

Y ahora que lo pensaba, dejando de lado mis tonterías, yo no sé de dónde habían sacado la idea de que era una persona peligrosa.

No me habría pedido disculpas al chocar conmigo, entonces. Lo que dicen no es lógico, en realidad creo que solo es una gran mentira.

Y esta es la otra, según el mundo iba drogado y llevaba un arma. Y yo que estuve hablando con él le vi bastante lúcido y no llevaba ningún tipo de objeto peligroso en las manos, más bien no llevaba nada.

Paradise [No corregido]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora