Capitulo 25

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Los días pasaban rápidamente, con ellos las semanas y así sucesivamente hasta convertirse en meses transcurridos. Ya solo faltaba 1 semana para la boda más esperada entre dos familias.

Terry viajaba constantemente para terminar de arreglar asuntos en Inglaterra, así como para recordarle emocionado a su padre que se presentará el día de su boda.

Cosa que el duque no pudo negar, su primer hijo, el hijo de Eleanor y él se casaba con la mujer que amaba.

Candy por su parte también estaba ocupada en mil cosas, pero todas ellas las disfrutaba, ya que eran los últimos detalles de su boda. El vestido ya estaba listo, las damas de honor estaban felices, todo era emoción.

Annie se veía tan bien con su vientre abultado debido al embarazo, que cada vez que se ponía el vestido que utilizaría sus mejillas se tornaban rosas y su piel blanca resaltaba.

Albert se ocupaba de muchos asuntos legales para la boda de su hija adoptiva, así como de la herencia que ella pronto obtendría debido a su apellido y al cumplir la edad suficiente. También de los ajustes para que la joven pudiera recibir el apellido y sobre todo el título otorgado por la nobleza inglesa, al ser nombrada Duquesa Candice White Grandchester.

Los sirvientes en la casa trabajan sin cesar para que todo estuviera listo, ya que dentro de pocos días se llevaría a cabo una celebración muy importante en la familia Andley y Grandchester.

La srita. Candice White hija de uno de los hombres de negocios más importantes y reconocidos en los Estados Unidos, se casaría con un joven actor muy exitoso y guapo, que aparte de todo eso es el primogénito del gran duque de Grandchester y la actriz Eleanor Baker. Por lo que todo debía ser simplemente perfecto, no debía de haber ningún error para que así la boda se efectuara como la novia lo merecía.

Terry llego de Inglaterra tres días antes de la ceremonia, acompañado de sus padres que fueron instalados en una de las mejores habitaciones que la mansión Andley pudiera tener.

La tía abuela los recibió muy cordialmente, incluso ordenó que se preparará una cena de gala para que la bienvenida del duque fuera adecuada.

Candy y Terry si pasaban tiempo juntos pero no como quisieron ya que por petición de la tía abuela la novia no debía de estar muy cerca de su futuro esposo en vísperas de su boda. Así que la joven no tuvo más remedio que conceder ese pequeño deseo a la anciana, que por muy fría y sombría que parezca, estaba muy ilusionada por la boda, a tal grado que las últimas semanas se la había pasado muy sonriente.

Por supuesto la joven rubia no pudo contener las ganas de estar al lado de su futuro esposo. Como siempre rompió las reglas y cuando tuvo la oportunidad corrió a los brazos de aquel joven castaño.

Ella había ido al hogar de Pony por las dos mujeres, pero Terry ya se le había adelantado a sus planes, por lo que se encontró con el joven a su llegada. Candy sí se acercaba al chico pero no de la manera en como ella lo hubiera deseado.

Él por su parte también mantenía su distancia, pensando que dentro de pocos días la podía tener entre sus brazos.

Al llegar a la mansión Andley los dos chicos en vez de ir directo al interior de la casa, fueron al jardín trasero que se encontraba después de los establos. Ahí había una hermosa vista, todo alrededor estaba cubierto de árboles, en el prado verde que había crecían muchas flores multicolores, que despertaban un olor muy dulce y singular que transformaba el ambiente con un clima más relajado.

Ellos dos se sentaron bajo un árbol que filtraba delicadamente pequeños hilos de luz y calor solar. Que acariciaban fragilmente los rostros blancos y relajados de aquellos jóvenes enamorados.

Terry acariciaba el bello rostro de la joven, siguiendo con la mirada de esos ojos azul verdoso la trayectoria que recorrían sus manos en el repetido camino de acariciar el rostro de Candy.

Ella por su parte se limitaba a dejarse llevar por el momento, permitiendo que él masajeara con sus dedos, sus mejillas aterciopeladas y de un color rosa debido al ligero rubor que se extendía por su rostro. De un momento a otro Terry y Candy clavaron sus miradas en aquellos ojos que tanto amaban, admirando solamente el resplandor de aquellas joyas que los dos jóvenes poseían.

—Candy... Regalame tu risa, enséñame a soñar, me pierdo en este mar, regalame tu estrella que ilumina mis noches y llena de paz y armonía mi vida. No me menciones tu nombre que en el firmamamento se mueren de celos— Dijo ocasionando que ella soltara una pequeña risa.

—Tu... Mi Terry haces que mi cielo vuelva a tener ese azul que tanto amo, pintas de colores mis mañanas solo con verte—respondió acariciando el largo cabello del joven.

Después de estas lindas palabras que se dijeron mutuamente se dieron un beso prolongado antes de despedirse.

—Bien... Te amo, te veré pasado mañana en el altar— le dijo él besandola en la frente.

—Si... Llegare puntual, te amo— respondió aun sentada en el césped. Donde permaneció ahí durante mucho tiempo imaginando el día en que ella se convertiría en su esposa.

Amor sin alas [Editando] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora