Capitulo 16.

8.3K 529 13
                                        

Alexander me miraba como solo se mira a una persona que no está bien los tornillos de su cabeza

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Alexander me miraba como solo se mira a una persona que no está bien los tornillos de su cabeza. Y claro que tenía toda razón al pensar eso... pues hace menos de un minuto estaba más que dispuesta y ahora de la nada le salgo con mojigatería. Dios ¿que la tierra no se abre me escupe en Milán?

—¡Ugh!—exacto y me dejo caer en la cama. Me cubro el rostro con las manos no quiero verlo me muero de vergüenza.—lo siento.—dije sin mirarlo.—de verdad, de verdad lo siento mucho.

—Kimberly—escucho voz aterciopelada muy cerca.—¡mírame!.—me ordenó de manera suave porque por más dulce o suave que estuviera la voz, no dejaba de ser autoritaria.—Vamos no sea niña.—dijo mientras ejercía cierta fuerza, claro sin lastimarme para quitarme las manos de rostro.—vamos Kimberly abre ya los y mírame.—volví a ordenar pero esta vez ya no sonaba tan dulce sino más severo y eso me hizo comprender que estaba perdiendo la paciencia.—Kimberly

Abrí los ojos me encontré con aquellos ojos negros que me contemplaban con varias emociones a la vez: deseo, lujuria, curiosidad e impaciencia. También capte que sus labios estaban entre abierto y sentía un fresca te aliento mentolado. Me mordí la mejilla internamente para contener las ganas de volver a besar eso labia carnosos y tan tentadores que me encantaba.

—Dime ¿que te pasa?—me exige y su exigencia sólo hizo me diera más calor. Necesitaba una ducha fría. Muy fría con hielo de preferencia, sino me daría fiebre.

—Alexander...es solo que.—negué con la cabeza, no podía decirle no soportaría un rechazo de su parte como el de Josh.— No, olvídalo.—intente incorporarme pero me lo impidió colocándose sobre mí de manera que dejaba atrapada.

—Kimberly en este momento no te mucha paciencia así que mejor comienza a hablar.—dijo muy serio.—Dime ¿que te pasa?

Sabía que no me dejaría en paz está conseguir lo que quería. En poco tiempo que llevaba de conocerlo sabía muy bien que Alexander siempre ganaba fuera de manera justa o no justa. ¡Siempre ganaba! Resignada voltee el rostro para evitar su mirada, no quería ver rechazó en su rostro con supiera pretendía casarse con una maldita frigida. Solté un suspiro y sentí como de mis ojos se deslizaban una lágrima silenciosa y discreta

—te pedí que te detuvieras, porque no quiero me trates mal por ser una frígida. —dije y cerré los ojos

—¿Que? ¿De qué demonios está hablando?

—¡que soy frigida! Fría como témpano de hielo, que no siento placer. —dije con los ojos cerrados.—Okey ya lo dije.

Hubo un silencio por un segundo y luego escuché una estruendosa carcajada. Abrí los ojos y vi a Alexander partido de la risa. Ahora fue mi turno mirarlo como solo se mira a un loco ¿de que se reía? ¿De mi?

—¿de que te ríes?—le pregunté muy seria pero Alexander no paraba de reírse parece que le estaba dando un ataque de risa.

Me moleste por su reacción yo estaba hablándole un asunto serio, de un asunto que me afecta que me hace sentir mal y él se estaba riendo. Me incorporé y lo mire seria esperando que se le pasase risa estupida esa, pero la espera fue demasiada. Así que alargué el brazo y tomé una de las pesadas almohadas de decoración y lo golpee con fuerza varias veces pero él paraba de reírse.

Un canalla arrepentido [1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora