Alexander R. Harrison Wright es un hombre guapo, rico, dueño de un gran imperio que esta condenado a muerte por una enfermeda incurable.
Al darse cuenta de lo vacía que es su vida y como la a desperdicia en frivolidades, decide aprovecha su último...
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Veía con horror el lugar. Todo elegante, de un excelente gusto que además olía como a frutas y tenía música de piano de ambientación. Una melodía suaves, serenas, relajaste y hermosas. En la boutique había espejos por todos lados, los muebles eran pocos pero grandes y con estilo victoria. Los colores que predominaban eran el blanco, el plateado y el negro. Pero era mucho más blanco que nada. Tanto que parecía que las Reina de las nieves, hubiese venido aquí y hubiera hecho explosión. Lo que más predominaba era los llamativos, escándalos y exuberante vestido de novia, demasiado esponjado.
—Con amigas como tú ¿quién demonios quiere enemigos?—masculló molesta por estar aquí. Sam solo me sonrio y me acerco hacia el enorme mostrador de piedra blanca elegante donde había una chica de cabello rubio pintado, muy arreglada con un vestido color fucsia corto esta las rodillas sin mangas con los labios pintados del mismo color. La chica levantó la vista y nos recibió con una alegre sonrisa.
―Bienvenida a Leggenda Bridaldonde el sueño de toda mujer se hace realidad.―nos saludó con un lema que seguramente enseñaba igual que su sonrisa de alegría forzada, porque a quién le debe gustar decir siempre lo mismo. Yo conocía de antemano el fastidio que podía ser repetirlo mismo una, y otra y otra vez. Yo soy recepcionista o bueno...era porque hace dias no me presentaba a trabajar seguramente debía ser la comidilla de todo el mundo.—¿en qué podemos ayudarle?
―buenas―saludo Samantha con entusiasmo, yo solo me limpie a saludar con la cabeza―tenemos cita para una prueba de vestido de novia ¿verdad Kim?—me miró me doy un empujoncito para que diera un paso al frente.—ella es feliz novia―dijo con un tonito burlón que me dieron ganas de matarla.
—Si—dije con sequedad.—¡Yupi! por mi.
—maravilloso.—exclamó la joven, comenzó a teclear de manera apresurada en la computadora.—¿a nombre de quien está reservación?—preguntó la joven mirándonos a ambas
—Samantha Amenábar—dijo de lo más tranquila con una sonrisa burlona en el rostro.
—Oh disculpa pero la única cita reservada para este día a esta hora está a nombre de Samantha Baxter.—explicó con normalidad y naturalidad la joven.
Yo no necesité ver el rostro de Sam para ver cómo se descomponía por completo por la rabia contenida al escuchar su primer apellido. Algo terrible debió haberle hecho su padre para que Sam lo deteste tanto, algo de lo que nunca hablaba ni siquiera conmigo. Y eso fue lo suficientemente como darme cuenta que está idea de salir a probarme el vestido de novia no había sido idea de Sam, sino que mi mejor amiga <<tan linda ella>> se había prestado para babosada.
―Voy a holcar a Alexander del techo.―masculle para mi misma. Mire a Sam con el ceño fruncido y ella se encogió de hombro a modo de disculpa como si eso fuese suficiente disculpa.
―Efectivamente yo soy Samantha Baxter Amenábar―dijo Sam y le enseñó a la joven su licencia de conducir. La joven observó con detenimiento la licencia de conducir y cuando confirmo que Sam decía la verdad sonrió con amplitud.