Capítulo 11

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Thomas dejó el despacho de John como un hombre muy feliz.

Si hubiese sabido que una banda de strippers podría meterlo en la cama de Ethan, — ¿A quién pretendía engañar con aquella historia de la habitación de huéspedes? — tan rápido, habría buscado unas strippers años atrás.

Incluso así, no era un completo idiota, no importaba lo que Ethan pensara.

— Eran solo unas fotos —dijo Thomas cuando salieron de las oficinas.

Ethan ni se molestó en darse vuelta para mirarlo, sino que continuó caminando por el estacionamiento de las oficinas de los Giants.

— Realmente no me importa.

Lo que significaba que le importaba, claro.

Thomas había tenido que actuar como un idiota, tarado, probablemente como el mayor imbécil de todos los tiempos, solo para tener la certeza de que estuvieran juntos las próximas cuatro semanas, pero ese había sido el único modo para que pudieran conocerse mejor.

La única manera para que tuvieran una relación.

Thomas sintió su corazón latiendo en su pecho mientras se paró pestañeando por el reflejo de la brillante luz solar en el agua de la Bahía. Bueno, mierda, ¿Qué había sido eso? ¿Por qué diablos estaba pensando en términos de una relación? Nunca había pensado en más que la aproximación de una noche. ¿Qué tenía Ethan que lo hacía rumiar como un loco y actuar de un modo aún más loco? El pensamiento lo inquieto completamente.

— Entra —dijo Ethan señalando a su auto.

Él se movió alrededor del minúsculo coche deportivo.

— No creo que entre —dijo sugestivamente.

El rostro de Ethan se tornó una máscara lúgubre. ¡Joder! Demasiado tarde se acordó que Ethan había dicho casi exactamente esas palabras sobre él cinco años antes, justo antes de que tomara su virginidad.

Cierto, era tiempo de disculparse. Y comenzaría dejando su Lamborghini en el estacionamiento y apretándose en su pequeño coche.

— Ethan, lo que he dicho no tiene nada que ver con lo que estás pensando.

Ethan lo miró de reojo.

— Solo voy a decir esto una vez, e intenta metértelo en esa cabeza dura. No me importa lo que quisiste decir, o lo que pensaste que yo he entendido. O lo que pasó la noche pasada con las strippers. O cómo has hecho todo lo que estaba en tu mano para humillarme frente a John. Casi nada me importa Thomas. —En un segundo, Ethan se volvió. — ¡No me importa! —para cualquiera Ethan parecía compuesto y tranquilo.

Pero Thomas estaba más en sintonía con Ethan para creerle y podía sentir el fuego bajo la superficie.

— Lo único que me interesa —continuó— es la buena impresión que logres dar y mi preocupación es transformar el modo en que el público te ve. Adiós chico rebelde.

Porque Thomas le debía una, escogió no decir algo que irritase a Ethan nuevamente.

— Te defendiste bien de John.

Aunque pareciera un elogio vacío; Thomas realmente pensaba que Ethan había lidiado muy bien con su adulador jefe.

— Deportistas —refunfuñó— juro por Dios, que si quieres que recuerden algo necesitas escribir en sus manos, entonces, te lo digo nuevamente. No estoy interesado en tu opinión sobre mí.

— Los hombres como John no son fáciles para negociar con ellos, pero tú lo envolviste alrededor de tu meñique.

— Lo hice todo bien. Es por eso que he acabado obligado a vivir contigo las próximas cuatro semanas —se notaba el sarcasmo en cada palabra.

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