— Es difícil creer que un muchacho inteligente como tú se enamoraría de un deportista, de un jugador de fútbol profesional —le dijo a Ethan— especialmente del primero de mis chicos.
— Usted no debe conocer a Thomas muy bien —respondió Ethan incapaz de seguir el juego por primera vez en su carrera— Él es algo más que un jugador o una mercancía.
John miró de uno a otro y sonrió ampliamente.
— El amor verdadero es una bendición.
Ethan miró de reojo a Thomas, sorprendiéndose al encontrarlo asintiendo, a pesar de que solo hacia doce horas que le había declarado su amor.
— Desde luego —dijo y se obligó a sí mismo a sonreír.
John se levantó.
— Me siento mucho mejor, sobre todo ahora que he confirmado los rumores sobre ustedes dos.
Ethan se levantó sacudiéndose el polvo que no tenía en sus vaqueros, más que feliz por ver que John iba hacia la puerta. No había sido tan malo. No le había gritado ni despedido.
Salió al vestíbulo y entonces se giró hacia él con una reflexión final.
— Pero te he contratado para limpiar la reputación de mi chico, no para usarlo como tu juguete personal. No podía ser mejor momento para hacer de él un hombre honrado antes de que empiece la nueva temporada. Espero el anuncio de su compromiso a la mayor brevedad posible.
Ethan observó su marcha, mientras trataba de recuperar el aliento. En menos de casi tres semanas su mundo se había derrumbado. Por otra parte nunca había tenido una relación tan intensa que eclipsara todo lo demás.
Lo último que esperaba al llegar a la sala era ver a Thomas en la alfombra haciendo una rápida serie de flexiones. Lo había visto entrenarse en el gimnasio hacia unos días, pero nunca con tanta intensidad y velocidad. Jadeaba ruidosamente y su camisa estaba empapada de sudor, pero no se detuvo, no dejó de moverse, a pesar de que sus pulmones debían de estar ardiendo.
Thomas lo miró de reojo.
— Noventa y ocho, noventa y nueve y cien —Seguidamente se puso de espaldas encogiendo las piernas sobre su pecho mientras recobraba el aire. —Me temo que las flexiones no han funcionado, todavía voy a tener que matar a ese cabrón.
Ethan tuvo que preguntar, aunque realmente no quería saber la respuesta.
— ¿Por qué?
Thomas salió de la posición fetal y tomó la mano de Ethan tirando de él hacia la alfombra con él.
— Me importa una mierda si me trata como a un niño de dos años. Pero lo mandaré al infierno si vuelve a joderte nuevamente.
Ethan sacudió la cabeza.
— No me molesta — mintió— A veces a los clientes les gusta sentirse como si fueran más inteligentes que uno, como si estuviesen en ventaja. No es gran cosa.
Pero lo era.
Ethan nunca toleraría ese tipo de comportamiento a ningún otro. Lo peor era, que en el fondo sabía exactamente porque se estaba dejando tratar como un felpudo: porque la única otra opción —que era renunciar al contrato con su orgullo intacto— no era realmente una opción. No si eso significaba enviar a Thomas a su antigua vida y él volver a la suya.
— No tenemos que casarnos solo porque un culo hambriento de poder nos lo ordene —dijo él.
¿Casarse? Eso estaba sobrevalorado, la gente jamás vería bien su relación. Incluso el hecho de que John hubiese aprobado tan fácil su relación no quería decir que los fans de Thomas lo iban a tomar del mismo modo.
— Está claro que no, él solo estaba diciendo tonterías.
No se casarían.
Ni esa semana, ni el próximo año. Ethan lo sabía, siempre lo supo. ¿Entonces por qué estaba tan molesto por eso?
Thomas se quitó la camisa húmeda, la enrolló y la tiró al suelo.
— Estoy diciendo que todo esto está mal, Ethan.
Desesperado por aliviar la tensión en la sala, dijo:
— Hiciste lo correcto, no lo has matado. No creo que te permitieran jugar al fútbol en la cárcel.
Thomas sonrió, pero solo durante un segundo.
— Me importa una mierda el fútbol ahora, necesitamos hablar. Sobre nosotros.
La respiración de Ethan quedó atascada en su garganta y miro a Tomas a través de sus obscuras pestañas.
— Cuanto te pida que te cases conmigo, tienes que estar seguro como el infierno de que no lo hago porque mi jefe me ordenó hacerlo.
¿Cuándo te pida que te cases conmigo?
— Tú y yo necesitamos solucionar esto, descubrir lo que estamos haciendo —continuó él— John tenía razón al menos en una cosa: necesitamos un plan de juego.
Thomas tenía razón, lo necesitaban no solo por su relación, también por sus seguidores.
Necesitaba empezar a apuntar las cosas en un papel. Llamar a los medios de comunicación, a que periodista darle una entrevista en exclusiva, una reunión de emergencia con el personal que trabajaba con él, su equipo de relaciones publicas, y hacerles saber el comunicado oficial. Tenía miedo. Pero iba a hacerlo.
Se levantó de un salto.
— Antes de que tú y yo hablemos con otra persona, tengo que redactar un comunicado de prensa y publicarlo.
Thomas sonrió.
— Parece que el asesor de imagen que amo encontró su camino de regreso a casa.
— Estaré en mi despacho.
¿Cómo podía haber olvidado por un segundo que tenía la capacidad de cambiar las cosas?
— Asegúrate de hacer una lista de toda la gente que te ha dejado un mensaje en el teléfono esta mañana. —le indico Ethan.
Thomas sacó el zumo de naranja de la nevera poniéndose el teléfono móvil en el oído para escuchar el buzón de voz.
— Es raro ver cómo la gente se vuelve loca porque salgo con un chico normal —dijo.
De cualquier manera, Ethan había estado de acuerdo. Pero él no era un chico normal cualquiera, al igual que él no era un muchacho rebelde. No más.
Thomas marcó la contraseña del correo de voz. No conocía los números en la pantalla, pero no iba a responder a todos los periodistas que sabía le habían llamado para pedirle una entrevista exclusiva sobre su nueva relación.
Una voz enlatada dijo:
Tiene tres mensajes.
Tomó un trago largo de zumo. Estaba buscando un lápiz para hacer la lista de Ethan cuando se dio cuenta de que era un niño quien hablaba no un adulto.
"Umm... hola, esto es un mensaje para Thomas. Él dijo que podía llamarle si lo necesitaba. Soy Jack, de el campamento y realmente necesito hablar con él"
Mensaje dos:
"Umm... realmente necesito hablar con Thomas. Urgente. Soy Jack del campamento. Estoy en problemas"
El mensaje número tres fue principalmente sollozos junto con:
"Soy Jack nuevamente, estoy en el hospital en Palo Alto, de verdad tengo que hablar con Thomas me dijeron que no puedo volver a llamarlo otra vez"
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Entrégate
RomansaThomas Blackwell no necesita una niñera. Él es un héroe en el terreno de juego. Tiene éxito, fama, dinero, e infinitas mujeres. Lo único que no tiene es una buena reputación. Después de ser constantemente acosado por los medios de comunicación, por...
