Hacía mucho tiempo que Thomas pensaba en positivo. Entrenador tras entrenador, durante la última década había presionado el poder de visualización sobre él y sus compañeros. Entonces, aunque no fuese bueno en eso de cortejar, actuar como si supiese lo que quería, funcionaba la mayor parte del tiempo en el campo. Si quería ganar juegos, los ganaba. Si quería mucho dinero, lo tenía. No se le había ocurrido usar esa técnica para conseguir a alguien, sin embargo, nunca había querido a nadie tanto como quería a Ethan y ciertamente, nunca había tenido que trabajar tanto para ello tampoco.
Comenzó a subir los escalones circulares. Un leve olor a colonia, estaba en el aire y supo que andaba en el buen camino. Y entonces Ethan encendió la luz y él vio un paraíso de juguetes sexuales. Nunca había visto tantas fotos eróticas, pinturas, esculturas, dildos, vibradores y libros fuera de un sex-shop.
— Maldición, éste lugar... —imaginó que Ethan probablemente estuviera asustado en ese momento.
Ethan soltó una leve risa.
— ¿Sabes que cuando me llevaste a tu sótano pensé que tenías una de estas habitaciones allí abajo?
— Como si yo necesitara encadenar a las personas.
— Es verdad —aceptó él— pero aun así podías tener cosas perversas.
Thomas empujó a Ethan más adentro en la habitación.
— Vete al frente, examina todo, sé que te estás muriendo de curiosidad.
Ethan hizo una mueca.
— En realidad no sabría si llamarlo curiosidad, sería la palabra correcta, estoy muy conmocionado ahora. Solo de pensar en Gordon aquí con... con quien sea —su hombro casi tocó en una estatua completamente erecta y se alejó rápido— espero que lave todo regularmente.
Mientras Thomas hacía una lectura rápida del contenido de la habitación podía ver a Ethan en conflicto consigo mismo, abriendo y cerrando la boca.
— Sigue, pregunta. Sé que también te estás muriendo por eso —Ethan permaneció en el centro de la habitación, increíblemente guapo y perfecto, en medio del pecado.
— ¿Alguna vez has...? —Sus mejillas adquirieron un tono rosa.
— Una vez. —confeso él.
— ¿Ya has usado este material? —la boca de Ethan se abrió de repente. Thomas sonrió y miró los impresionantes aparatos. No le iban aquellas cosas, pero un par de esposas en Ethan, ciertamente, no sería malo.
— No exactamente.
— Por favor, dime que en las imágenes no sales desnudo en una mesa de cuero y con un collar alrededor del cuello.
Thomas sonrió por el comentario de Ethan.
— Fui a un club una vez hace mucho tiempo. Solo para asistir, no para participar —se encogió de hombros— todos los tipos tienen curiosidad.
— No los que yo conozco —murmuró Ethan, y entonces preguntó— ¿fue extraño o...? —Parecía no poder pronunciar la palabra— ¿Excitante?
Cerca de la ventana Thomas vio un balcón y le cogió la mano.
— Ven conmigo afuera y te lo diré —dijo cuando Ethan voluntariamente escapó con él por un conjunto de puertas francesas.
La vista desde la terraza de la azotea era impresionante. El sol estaba a punto de ocultarse completamente, solo un poco de tono naranja rojizo caía sobre campos interminables de viñedos y el aire estaba perfumado por el cultivo de las uvas. Cogiendo la mano de Ethan algo en el pecho de Thomas saltó como si estuviese a punto de vencer en un juego.
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Entrégate
RomanceThomas Blackwell no necesita una niñera. Él es un héroe en el terreno de juego. Tiene éxito, fama, dinero, e infinitas mujeres. Lo único que no tiene es una buena reputación. Después de ser constantemente acosado por los medios de comunicación, por...
