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La tercera semana de clases había empezado. Lunes por la mañana, y como siempre Tamara Cifuentes estaba caga de sueño. Esa debería ser el lema del estudiante, po. Andar cagao de sueño siempre, ¿o no?

Agarré bien mi mochila, mientras me lavaba las manos.
Había llegado recién al liceo y todavía no tocaban para entrar, así que aproveche para venir a mear.

Levanté la vista hacia el espejo de cuerpo completo que estos viejos del colegio nos habían puesto en el baño de mujeres, y me arreglé la falda. Me enojé sola, po. Ya que por más que planchaba la huea de falda igual se me arrugaba cuando me subía a la micro, y me sentaba.
¡Ah, no plancho más la caga!

Posteriormente, ajuste el cole’ en el moño que recién me había hecho sobre la cabeza, con un dedo me acomode los rulos que se me formaban.

—Hola, mi amor.

Alcé los ojos solo para encontrarme al Tomy entrando al baño de minas. Le sonreí a través del espejo.

—Wena, maraco.

Quería darle un beso en la mejilla, pero el saco eh huea corrió la cara y me dio un piquito. Después soltó una carcajada chillona.

—¿Qué huea, hueón? —me reí.

Él negó con la cabeza, corriéndome con su cadera para mirarse en el espejo. Este gil y su manía por meterse al baño de minas, pa mirarse enterito. En el baño de hombres no tenían espejos tan grandes.

—Tengo que darte un beso antes de que esos hueones del Carlos y el Alesito te coman entera. Somos mejores amigos, tenemos que darnos un beso alguna vez, po
—justificó.

Fruncí las cejas, cruzando mis brazos sobre el pecho.

—No me voy a comer con ninguno de esos hueones, Tomás. —negué repetidas veces, con la cabeza —No me interesan.

—Eri mentirosa, maraca. Se te inunda el choro por ellos.

Me callé, viendo como él se arreglaba su pantalón mega ajustado. Tenía medio poto. Era hermoso este culiao.

—¿Por qué no me culiay mejor?
—bromee, cagándome de la risa sola.

El Tomy me imito, echando la cabeza hacia atrás para carcajearse.

—Cuando queraí no más, mi amor. Sabi que contigo me prendo entero. Me encantai.

Nos reímos, de nuevo.

Después de que el Tomás se encrespara las pestañas y le dejará echarme un poco de su protector labial, de esas hueas para que no se te partan los labios, nos fuimos pa la sala.

La verdad es que no pesqué mucho cuando me mencionó el tema del Carlos o el Ale. Los hueones, gracias a Yisus no hicieron nada la semana pasada, solo lo que sucedió ese día cuando el Alejandro me dejó en vergüenza, el Carlos se me declaró y me pelie con la mina en el baño, por no mencionar los mensajes que intercambie con el Ale.

A lo mejor, los hueones cacharon que en realidad iba a ser una pesa culia con ellos. Mejor pa mi… ¿cierto?

Bueno… que, por otro lado, la semana pasada se la pasaron gestionando el tema del equipo de fútbol, reuniendo nuevos miembros, incitando a los de primero a unirse y bla, bla, bla, por lo tanto, ambos giles estaban de cabeza en la hueaita… capaz no tuvieron tiempo pa huebiarme no más.

Ah, la huea hueona ahueona por la chucha.

—Hueona, ¿cachaste el grupo del curso? —me dijo el Tomy, cuando salimos al primer recreo después de soportar dos bloques de matemáticas. ¿Quién mierda tiene mate los lunes y a primera hora de la mañana? El cuarto D, po.

¡Hueón culiao, me rompiste el choro! #HCMREC 1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora