La tarde había transcurrido en aquella amena plática con Ginevra Weasley: su vida estaba cambiando, repentinamente y agradecía el hecho de poder borrar aquellos dolorosos tres años que vivió en manos de George Weasley. Claro que en su rehabilitación hubo cierto pudor al cambio repentino, al mundo exterior. A las personas que pronto se amontonaban para ver La desgracia de los Malfoy. Él se sentía un gran material para causar complot y presentaba cierto sentimiento de desdén hacia ese hecho.
Ahora, en sus pensamientos, no solo rondaba el hecho de haberse fijado en Harry Potter y tampoco le era normal el ver a su esposa decirle que este estaba enamorado de él; también existía la posibilidad del desprecio de sus padres. Él había sido abusado sexualmente innumerables veces por un psicópata libertino, uno que se encargó de hacer su estadía en aquel lugar un tosco infierno. Era un dolor, que, aunque pasen los años, él no lo olvidaría. Y el bastardo de George Weasley se encargó perfectamente de eso.
Varios sentimientos de amargura y desprecio rondaron nuevamente en el muchacho. Draco se sentía exhausto, las sesiones en San Mungo eran eficientes al igual que las terapias. Ahora, al mirarse fijamente en el espejo, solo veía su herido cuerpo. Potter es el héroe del mundo mágico, Potter se merecía algo mejor que él.
Lo sabía, todo el tiempo su consciencia se encargó de repetirlo. Esa misma noche después de haberse encargado que su cachorro resida en aquel cuarto, trató de dormir.
La falta de esencia de Potter en aquella habitación era tan notable, que el rubio creyó asfixiarse en un ensordecedor desprecio a la soledad. Sus padres estaban dormidos y Potter se debía quedar a cumplir un turno toda la noche como auror. Se levantó de su cama, y observó la del auror. Harry como lo había prometido, se quedaba todas las noches con él a protegerlo de sus pesadillas.
— ¿Por qué no puedo dormir? —Preguntó de manera inocente, aunque la respuesta era obvia—. Merlín, dentro de poco me volveré loco.
Sin hacer mucho ruido se dispuso a husmear entre las prendas del azabache. Cada uno destilaba su aroma, cada uno tenía un poco de la esencia de Potter. Necesitaba de inmediato un abrazo o… sus píldoras. Sentía que nuevamente tendría algún ataque de pánico, que George Weasley entraría por aquella puerta de su habitación y le haría saber que su infierno aún continuaba.
Cogió una playera de Potter, era de color vino y la tela correspondía al algodón, no había dudado en colocársela, ya que solo llevaba puesto un boxer. Suspiró de inmediato y supo entonces que el respirar se le dificultaba, que las lágrimas tomaban vigía desde su mejilla hacia su mentón. Por alguna extraña razón sentía una enorme opresión y que realmente estaba mal. Sus manos pronto comenzaron a temblar, tal vez se estaba hiperventilando.
Quizás se trataba de otro ataque de ansiedad y lamentablemente sus sospechas fueron afirmadas. Estaba mal. Solo sabía que estaba mal y que necesitaba con urgencia la ayuda de alguien.
Pero sus palabras se volvieron mudas, de su garganta no había salido nada. Estaba asustado, temeroso y quería que pronto aquello acabara.
Recordó que Hermione le había contado que una gran manera de relajarse, mientras uno llora, es estando en el suelo. No esperó mucho tiempo cuando realizó dicha acción tratando de al menos encontrar un consuelo. Estaba frío, sin embargo no hubo protesta antes de caer rendido al sueño y por fin lograr dormir.
Para Harry cumplir turnos en la oficina de aurores le era un horripilante martirio. No había obtenido noticias de Draco desde que llegó a la mansión después de su salida con Spyke. Rogaba en sus pensamientos que el rubio hubiera tomado la poción para dormir mientras él no estaba.
Le angustiaba el hecho de dejarlo solo durante mucho tiempo por lo que solo esperaba que las horas tomaran su curso de manera rápida.
Finalmente su turno había acabado a las 04:30 am cuando Matthew Henderson dio su presencia en la oficina de Harry.
— Siempre puntual —Habló Harry mientras un pequeño bostezo se le escapaba—. El informe es el mismo, nada nuevo. No hay mortífagos y mucho menos carroñeros, Ron en este instante está con el escuadrón, las típicas rondas nocturnas.
Matthew asintió mientras en su mano cargaba con un express.
— Bueno, Harry —Dijo tratando de suavizar el ambiente— estuviste en esta oficina durante 15 horas, no sé cómo lo has soportado pero amigo, fuera del trabajo; necesitas descansar.
Harry solo le dedicó una desvaída sonrisa. Se levantó de su asiento y pronto dio paso hacia su capa. Nadie le había dicho que en sus 20 años le sucedería tantas cosas.
Después de haberse despedido de su compañero de trabajo, utilizó la red flú conectada a la casa de los Malfoy para llegar. El silencio reinaba en el lugar, las luces ligeramente apagadas. Mencionó de inmediato un lumos para continuar con su trayectoria. Los Malfoy debían estar descansando en su cuarto.
A pasos apresurados llegó a la habitación que compartía con Draco. Su vista rápido se centró en el suelo, donde el joven rubio lucía hecho un ovillo.
— Merlín, Draco.
Se había tranquilizado tras saber que este solo se había quedado dormido en el suelo. Fijó su vista en las sonrosadas mejillas del joven y los rastros de lágrimas sobre ellas.
Internamente se preguntó cuánto tiempo había estado el muchacho en el suelo, su cuerpo estaba helado. No tardó mucho tiempo en cubrirlo con las sábanas y esperar a que el cuerpo del ex-slytherin cobrara el calor necesario.
— Harry.
La cansada y adormilada voz de Draco captó su atención. Había despertado, no lo culpaba, después de todo él había tenido que cargarlo para moverlo de lugar.
— ¿Puedes dormir conmigo?
Harry sonrió de manera exhaustiva. Al día siguiente se encargaría de ducharse, ahora mismo estaba demasiado cansado y aquel pedido de Draco era un paso definitivo a su paz.
No tardó mucho tiempo en quitarse aquellas prendas y haberse puesto un pantalón pijama. Tampoco tardó mucho tiempo en repetir la misma escena de todas las noches anteriores a esas: abrazar al rubio y caer rendido en los brazos del Morfeo.
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Subastado. |Harco.
SonstigesHarry Potter. ¡Vendido! Draco Malfoy supo que su vida acabó al distinguir aquellas palabras, pero no supo que sería rescatado de aquel horrible martirio y mucho menos por el niño que vivió y venció. Ese mismo niño que rechazó su oferta de amistad. ...
