Quizás las cosas se habían dado como en aquel momento, quizás todo ese tiempo había estado equivocado; o es lo que creyó cuando despertó. Aún estaba inconforme, sobre todo por el peso desolador de sentirse una carga: una para sus padres y otra para Potter.
Como de costumbre, aquella mañana se levantó sin hacer el más mínimo ruido, no quería molestar a su acompañante. Sólo iría a desayunar, hablaría con sus padres y pronto decidiría qué hacer con su vida.
Estaba seguro de no querer echar a perder la del auror Potter.
—Hijo, buenos días. Iba a enviar a Malerik para despertarlos —habló su madre cuando él había llegado a la planta baja.
Internamente se preguntó por la ausencia de su cachorro.
—Buenos días —saludó—. Potter aún no despierta.
La señora Malfoy mantuvo su compostura y asintió con cierta despreocupación.
—El día de ayer ha sido muy largo para él —dijo—. En todo caso es solo cuestión de comprender su situación, cuando despierte podrán salir.
—¿Salir? —cuestionó más para sí mismo, sin embargo su madre alcanzó a oír.
—Claro, salir —respondió con sólo un leve tono de felicidad en su voz—. No creo que le prives el derecho a Spyke de correr en algún prado.
—Pero se puede perder. —Objetó, pero escuchó un chasquido de lengua detrás suyo.
— Tú bien sabes, Draco, que Spyke tiene ciertos dotes y dudas mucho que se pierda —Fue su padre quien habló sentado en el sofá, en sus manos, un ejemplar de el profeta—. Es un cachorro bastante inteligente.
Afirmó con la cabeza, sabía que Harry no le había regalado cualquier cachorro del mundo muggle. Contrario a eso, Harry había pensado tan bien en sus movimientos.
—Exactamente, Draco —dijo una voz demasiado conocida detrás suya. Harry había despertado y con ello Spyke en sus brazos—. Iríamos al terreno de los Weasley, además, nada arriesgado.
Draco se mofó pero simplemente le dedicó un asentimiento. Harry llevaba puesto uno de sus típicos trajes de aurores.
Harry por su parte sólo sonreía mientras hablaba con su padre y madre, Spyke corría con cierta ligereza en la sala de estar. Su mente divaga, al igual que sus pensamientos, ese día con cierta rareza se sentía fuera de sí.
ido.
—Draco, hijo, ¿pasa algo? —Draco hizo un gesto elusivo y negó. Harry lo notó, pero aún no quería hablar respecto al comentario del rubio—. De acuerdo, creo que ya es bastante distracción para ustedes, es mejor que vayan temprano.
Al poco tiempo de haber salido al patio, Harry mantuvo su mirada centrada en el cachorro. La realidad se presentaba onerosa y eso, más que nada, le ocasionó un malestar.
—No será la gran odisea —admitió Harry ubicando con la mirada el traslador—. Sin embargo, presiento que te gustará, ¿podrías darle tan solo una oportunidad?
Draco se sintió por un momento pillado y de manera repetitiva su respuesta se basó en un simple ademán de cabeza.
—¿En qué iremos? —curiosea el rubio—. Llevamos a Spyke.
—En traslador. Allí está —señaló a una pequeña estatua— ven.
Draco siguió al azabache sin hacer algún tipo de reclamo, Harry se empeñaba en llevarlo a quién sabe qué lugar en cada momento. A Draco aquello no le molestaba, es más, le alegraba aunque existiera cierto tipo de dificultad; pues el-niño-que-vivió estaba arruinando su relación y era lo que más solía atormentarlo.
—Listo, procura no soltar mi mano.
Su mano se sentía tibia, pese al frío, Harry tenía aquella peculiaridad. Era una persona cálida tanto física como sentimental. El viento parecía galopar, las nubes se mostraban frescas y dispuestas a brindar de un día agradable, Draco logró diferenciar una bonita casa ubicada al este de su posición. Era enorme, sobre todo poseían vastos detalles muggles que supo llamar la atención del rubio.
A pasos lentos, pero dispuestos, se acercaron a la puerta y tras un pequeño –propinado por Potter– ésta de forma automática se abrió dejando a la vista una joven que Harry supo reconocerla como su mejor amiga.
—¡Hola chicos! —exclamó Hermione de manera amena—. Pasen, Draco tus padres ya han mandado tus cosas al igual que las de Harry.
El rubio miró de manera interrogante a Harry.
—¿No te lo ha dicho Harry, verdad? —Draco negó ante la pregunta de la joven—. Bueno, supongo que si no lo ha hecho es por algo —Y finalmente el guiño de Hermione Granger sirvió para confundirlo.
— ¿Qué tienes planeado para este fin de semana, Potter? —pensó.
Observó de manera analítica al auror el cual en aquella circunstancias se mostraba alegre, conversaba con su mejor amiga y pronto se sumó a la plática Ron Weasley, contaron sus anécdotas como aurores, sus misiones. Platicaron sobre temas irrelevantes, pero a eso Draco no le dio tantas vueltas. Porque Harry Potter era carisma ante sus ojos, no importaba la historia que contara.
La habitación de huéspedes les pertenecía aquel fin de semana. El ex-slytherin supo con seguridad que la casa de «los Weasley-Granger» era extraordinaria. Con lujos tan sencillos pero imposible de no admirar.
—Sólo hay una cama —sostuvo Harry—, supongo que no tendrás alguna molestia en dormir conmigo. Todo el tiempo lo has hecho.
Draco se encogió de hombros y se sentó en la cama. Había detalles Gryffindor por doquier y se sintió familiarizado al lugar tanto que pronto un revoltijo en el estómago y náuseas inundaron su sistema.
—Estás deprimido, por lo que veo. —Comenta, su acompañante vagamente asiente— ¿Por qué?
Malfoy por un momento se sintió perdido en aquella pregunta. Estaba jodido, no cabía duda, miró a Potter. A sus verdes ojos detrás de esos lentes. Examinó su cabello con cierta aire despectivo, sus labios y pronto su rostro. Se maldijo en sus pensamientos, no había indicios de imperfecciones; incluso sabía cómo lucir con aquella barba de días. Era hora, solo necesitaba perder aquel peso que durante tanto tiempo ha puesto sus pensamientos de cabeza y sobre todo, ha logrado lo que muchos no lo harían ni en sueños, pese a todo lo que ha sufrido.
—Potter, tú me gustas.
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Subastado. |Harco.
CasualeHarry Potter. ¡Vendido! Draco Malfoy supo que su vida acabó al distinguir aquellas palabras, pero no supo que sería rescatado de aquel horrible martirio y mucho menos por el niño que vivió y venció. Ese mismo niño que rechazó su oferta de amistad. ...
