Capítulo 9.- Momentos incómodos

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El silencio se hacía eterno en el regreso a casa, había tanta tensión que sí alguien más estuviera dentro del auto estoy casi seguro que querría aventarse por la ventana para huir. A decir verdad yo estaba pensando en hacerlo.

-¿Cómo sabías que estaba en casa de Livia? – pregunté para romper el hielo.

- Su primo Marcos aviso a Galdi, y ella me pidió que viniera- contestó de manera seca.

Silencio nuevamente, bueno por lo menos sabía que podíamos llevar una conversación. Empecé a jugar con mis audífonos, estaba muy tentado de ponérmelos para no tener que conversar más. Pero eso no era la solución, así que desistí de la idea y los guarde en mi mochila. Rafael estaba que veía directamente a la carretera. Estaba deseando poder ver sus ojos azules nuevamente, eso ojos que se parecían al océano, uno que por lo general era cálido, pero hoy parecía el océano ártico.

-Galdi es muy linda, siempre se preocupa por mí – comenté como un segundo esfuerzo.

Él no hizo nada, solo ignoró mis palabras.

-¿Estás molesto? – no se me ocurría que más preguntar.

En ese momento detuvo el auto de golpe, parándose en mitad del camino. Algo demasiado imprudente según mi opinión, pero no dije nada, no quería seguir entorpeciendo el asunto.

Giró sobre su asiento y por fin nuestras miradas se cruzaron, quedé inmóvil, no sabía que sería lo siguiente que ocurriría pero igual tenía miedo. Él estaba tenso y su respiración estaba un poco más agitada de lo normal.

-¿No te pusiste a pensar lo preocupado que estaba? – me cuestionó alzando la voz.

-Perdón – susurré – me olvidé de avisarte – terminé mintiendo.

-Es que simplemente no lo entiendo – continuó – Te vi. Te vi salir corriendo o huyendo pero aun no entiendo porqué.

Genial, me descubrió en mi primera mentira, era lógico que no soy muy bueno para esto.

-Perdón – repetí.

-Quiero escuchar algo más que un perdón – me dijo alzando aún más el tono de su voz.

Nunca  me hubiera imaginado verlo comportándose de esa manera, en realidad me molestó mucho que me hablara de ese modo, pero traté de controlarme.

-Rafael – empecé – No puedes hablarme así – lo dije de la forma más calmada que podía.

Él abrió los ojos como sorprendido por lo que acababa de escuchar. Se inclinó sobre su asiento acercándose un poco más a mí.   

-Entonces como debería expresarme joven –

Me asusté, no quería decir lo siguiente, pero era la verdad.

-Como un empleado trataría a su jefe – me alejé un poco – no debes olvidar que eres mi chofer.

Él retomó su posición inicial lentamente, mirando a la carretera. Sabía que le dolió lo que le dije, pero no sabía que más hacer, él me estaba metiendo en un apuro y fue la única solución que encontré ese momento. Sorpresivamente volvió a voltear y me grito:

-Me preocupé por ti – lo dijo con una voz entrecortada.

-Yo no te pedí que lo hicieras – respondí de igual manera.

Al momento de darme cuenta de mis palabras era demasiado tarde. Dije algo imperdonable. Rafael bajó del auto de manera inesperada y dio unos pasos para alejarse. Yo me quedé dentro, no tenía ni idea que sería lo siguiente que podría hacer. Al pasar unos minutos pude observar como él sacaba un cigarro y lo prendía.

MPO - ReeditandoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora