Capítulo 13.- Rayo protector

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-Sigo aquí – dije muy incómodo para que de una vez se separaran.

-Perdón es que no me pude aguanta – Respondió Fátima sonriendo, quien seguía con sus manos en el cuello de él – Bueno, creo que es obvio que ustedes ya se conocen.

-Es obvio – repetí 

-Ahora sí, me voy, ya es de noche – me informó mientras cogía la mano de Rafael – ¿Rafa me llevas a mi casa? - le preguntó.

Rafael estaba demasiado callado, parecía que estaba en duda sobre lo que tendría que hacer, me miró como pidiéndome permiso, en ese momento lo único que quería era tenerlo lejos de mi vista, el solo verlos juntos me daba nauseas, era como ver a esa típica pareja de enamoraditos que están todo el tiempo juntos agarrados de la mano y predicando amor por donde vayan. No lo soportaría por mucho tiempo. Asentí con la cabeza dándole el permiso que me pidió, al final de cuentas ya era de noche y no pensaba salir a ningún lado, por lo tanto sus servicios no serían muy importantes. Él le agarró la mano sin dejar de verme, yo traté de ocultar mi cara de enfado haciendo una mueca que intentaba ser una sonrisa. Se percató de esto y dejó de verme. Empezaron a caminar hacia la puerta para poder salir, mientras yo me quedé ahí, parado al costado de la escalera como un estúpido. Estaba a punto de subir y encerrarme en el cuarto de Marcos para que me aclarara las cosas, pero antes preferí decir unas últimas palabras.

-Rafael – lo detuve en mitad de camino – Creo que no te agradecí lo suficiente por la carta que me mandaste el otro día.

Rafael abrió los ojos como asustado por lo que diría y noté como Fátima nos miraba muy confundida.

-Ponías tantas cosas – seguí hablando – pero creo que lo más importante  es eso de que seríamos amigos. Tenías toda la razón, yo también creo que seremos amigos – lo siguiente que dije lo recalqué exageradamente – Solo amigos.

Él no dijo nada simplemente se aferró más fuerte de la mano de Fátima y bajo un poco la cabeza, mientras ella seguía sin entender a lo que me refería, lo más probable es que luego le pidiera un explicación. Le di la espalda y subí las escaleras sin mirar atrás, cuando estuve cerca de llegar al segundo piso pude escuchar como la puerta de entrada se cerraba indicándome que ambos ya se habían retirado. Fui directo a la habitación de Marcos para que me diera las respuestas que necesitaba pero cuando estaba a punto de tocar la puerta pude sentir como mis ojos se humedecían por las lágrimas que querían salir. No podía permitir que mi primo me vea de esta forma, volví el camino recorrido por el pasillo hasta llegar a mi dormitorio, donde al entrar y cerrar la puerta, esas gotas de lágrimas que estaba conteniendo por fin salieron, no puedo decir que tuve un llanto ya que no estaba agitado ni hacía algún tipo de ruido, simplemente las lágrimas brotaban y recorrían mis mejillas de la misma forma en que las gotas lluvia resbalaban por la ventana. Me senté al costado de la puerta sin entender porque me sucedía esto ni porque me sentía de esta manera. Fátima me había caído muy bien al igual que Rafael, pero el verlos juntos simplemente era como apretar un interruptor que hacía que los detestara. Traté de olvidar ese pensamiento. Después de unos minutos de golpear la parte trasera de mi cabeza contra la pared de forma leve, cosa que hago comúnmente cuando tengo demasiadas cosas en la que pensar, me levanté y sacudí la cabeza como si de esa manera mi mente podría quedar vacía. Agarré la foto de mi madre que tenía sobre la mesa de noche y me senté un momento en la cama para mirarla. Un mensaje de texto me interrumpió, era de Livia, me quedé viendo el celular unos segundos dudando si verlo o no, pero finalmente lo abrí.

-Cambio de planes, mis padres ya no se irán de viaje, la fiesta del sábado no podrá ser en mi casa. Pero no te preocupes ya conseguí otro lugar-   

En realidad ya no tenía ganas de ninguna fiesta. Pero igual tenía miedo y curiosidad sobre cual sería el otro lugar que consiguió Livia, esperaba que fuera una casa de alguien conocido, porque la verdad me daría mucha vergüenza ir a una casa ajena y peor de alguien que ni siquiera conozco. Decidí llamarla para quitarme las dudas de una vez por todas.

MPO - ReeditandoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora