Veintisiete minutos. Veintisiete minutos han pasado y no hay ni rastro de él. Tampoco sé si está retrasado o si vendrá. La incertidumbre me está matando. Comienzo a preguntarme cuánto tiempo de espera es necesario para perder mi dignidad. Otras preguntas frecuentes son: ¿ya la habré perdido?, ¿parezco tan tonta como me siento?... también hay otra, que carece de explicación porque no la tiene y no quiero averiguar la respuesta.
¿Por qué no dejo de esperarlo?
Sé que tarde o temprano tendré que analizar mi respuesta a esa cuestión, y para mí es mejor tarde. No tengo intención de indagar en mis sentimientos por él sentada en el porche esperando a que se digne a materializarse aquí.
La latente posibilidad de que no aparezca va cobrando fuerza. Eso es malo no solo por la extraña mezcla de emociones que desarrolla en mí, sino también porque me niego a dejar que la tonta de Ashley gane.
Toda mi atención está puesta en un punto fijo del suelo, hasta las ganas de pensar han desaparecido. El silencio empieza a hacer efecto y, entonces, un remolino de pensamientos llega a mi mente.
Tal vez debería ir a dentro.
Tal vez debería tragarme mi orgullo y cancelar.
Tal vez debería llamarlo... No. Esta definitivamente no es una opción. Me niego.
El motor de un auto me pone alerta. Levanto mi cabeza lentamente, sin esperanzas, creyendo que será otra falsa alarma. Pero no. Ahí está Kieran. No lo veía desde Navidad. No hablaba con él desde Navidad. No sabía de su existencia desde Navidad.
Han pasado cinco días en los que mi vida se ha reducido a mirar el techo de mi habitación tratando de encontrar una razón convincente por mi comportamiento y el suyo luego del asunto del beso.
Lo observo por unos segundos con expresión seria, luego me incorporo y me adentro en el vehículo. Kieran no dice mucho —en realidad no dice nada—, arranca con la vista al frente simulando que no existo.
Nos mantenemos así un par de calles, sin embargo, el silencio se extingue instantes después. Mis deseos de seguir ignorándolo no son cumplidos ya que nos dirigimos a una cita doble con mi ex y su novia, debemos estar preparados.
—Antes de entrar al restaurante hay que discutir unos asuntos.
Me examina durante medio segundo, hasta que yo aparto la vista. Suspiro pesadamente antes de proseguir.
—Cosas como cuándo nos conocimos, dónde, cuándo empezamos a salir...
—Ambos vamos al mismo instituto desde hace años y empezamos a salir hace unas semanas —dice con su rostro carente de emoción.
—Conociendo a Ashley, querrá saber la fecha exacta.
—Tessa, no tengo ni idea de... —Su voz se torna defensiva. Lo interrumpo antes de que pueda terminar.
—Yo tampoco. Ese día era como cualquier otro, parecía otro más hasta que... bueno, ya sabes y sinceramente, no paso por mi cabeza que la fecha llegara a ser importante.
—Entonces, ninguno sabe la fecha de nuestro aniversario.
—No —confirmo su declaración —. Somos una pésima pareja —concluyo.
—Deberíamos inventarlo —propongo luego de unos minutos.
Kieran no me responde inmediatamente, haciendo que me pregunte si me escuchó.
Aparca y apaga el motor. Me dispongo a salir del auto cuando al fin responde.
—El cinco de diciembre.
ESTÁS LEYENDO
Ayudando al Playboy
Roman pour AdolescentsTessa (Theresa) Greir, tiene un alto coeficiente intelectual, pero no es la típica nerd. Es sociable, tiene un grupo de amigos y no es una marginada. Kieran Kavinsky, popular, PLAYBOY con mayúscula porque hace lo que sea para llevarse a una chica a...
