¿Por qué Derek y yo iremos al baile juntos?
Todo se remonta a unos años atrás, unos días antes del baile de bienvenida. Ambos estábamos solteros, solos y sin pareja para el baile. Siendo sincera, nos sentíamos patéticos. Pero ese no es el punto. Básicamente, lo que sucedió fue que a Derek se le ocurrió que fuéramos juntos, a lo que yo acepté. En el siguiente baile pasó lo mismo, así que fuimos juntos otra vez y, luego, otra y otra, hasta que se convirtió en algo habitual. Ir juntos al baile es como una tradición que seguimos, siempre y cuando no haya novios ni novias con los que debamos ir.
Cada vez que vamos juntos, Derek exagera un poco con la propuesta. Con el tiempo, él se ha dado cuenta de que mientras más grande y cursi la haga, más va a lograr irritarme, por lo que lo ha asumido como un reto personal. Gasta días y días haciendo preparativos solo para ver diez segundos de mi mirada inquisidora sobre él. Según él vale la pena. Yo no le veo el sentido, no obstante, ya no trato de disuadirlo de realizar su loca propuesta. No tiene caso.
Es imposible saber qué tiene planeado y cuán grande será su propuesta.
Debo decir que la espera me está matando. Cada vez que entro a un salón o a la cafetería estoy esperando que Derek me salte a la cara con un cartel y un cañón de confeti, y, para ser sincera, eso no es nada divertido.
Derek sabe perfectamente el estrés que me causa esto. Y lo disfruta.
El infeliz ha calculado todos sus movimientos de manera que esto resulte de lo más tortuoso para mí y lo ha logrado.
Siendo viernes, el último día en que Derek puede realizar su propuesta, estoy más alerta que nunca.
Entro a la clase de Psicología en la última hora. Voy cuidadosamente a mi lugar junto a Jen mientras exploro el terreno y localizo a Derek. No obstante, no sucede absolutamente nada.
—No lo hará ahora —afirma Jen.
—Eso dijiste la vez anterior justo antes de que Derek apareciera gritando con un altavoz y ese gran cartel en el techo de su coche.
—¿Vas a continuar recriminándome por ello?
—No lo sé, ¿seguirás apoyando al enemigo? —alzo las cejas en su dirección.
La profesora ingresa al salón y se acomoda junto a la pizarra, dispuesta a comenzar su clase.
—Te puedo jurar que ahora no te propondrá nada —susurra Jen.
—Bien. Te creeré —acepto, zanjando el tema, cambiando mi postura para prestar atención, pero recuerdo algo más interesante e importante que la clase —. ¿Conseguiste pareja?
—Sí.
—¿Quién? —inquiero con intriga.
—Un chico que tiene clases de arte conmigo. Es un tanto bobo pero lo compensa con su atractivo.
—Supongo que el hecho de que sea apuesto te viene como anillo al dedo para todo el asunto con Adam.
—Ya no estoy segura de que valga la pena. No tienes ni idea de lo irritante que es este chico —rueda los ojos.
—¿Piensas darme su nombre? —le digo mirándola con ojos dulces para persuadirla.
—Tal vez luego. —Me doy cuenta por su tono que esta tratando de evitarme.
¿Qué me estás ocultando Jennifer?
Achico los ojos y frunzo ligeramente el ceño.
—¿Por qué me ves así?
—Por nada. —Automáticamente desvío la mirada.
—Antes de que lo olvide, Mel pasará a buscarnos esta noche —me informa Jen.
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Ayudando al Playboy
Novela JuvenilTessa (Theresa) Greir, tiene un alto coeficiente intelectual, pero no es la típica nerd. Es sociable, tiene un grupo de amigos y no es una marginada. Kieran Kavinsky, popular, PLAYBOY con mayúscula porque hace lo que sea para llevarse a una chica a...
