Desde que conocí a Gale supe que era un tonto sin remedio. Solía tirarme del cabello, robarme los juguetes, desordenar mi cuarto... todo para hacerme enojar.
Molestarme era su pasatiempo favorito, pero solo él podía hacerlo.
Lo había dejado muy claro desde el día en que un niño decidió arrojarme su jugo de frutas en la cara cuando tenía seis años. Había llegado a casa llorando exageradamente, con el rostro tan enrojecido como un tomate, siendo tan dramática como una niña puede serlo. Por primera vez, Gale no se estaba burlando de mí. Sus ojos de niño pequeño estaban abiertos de par en par, como si no pudieran creer lo que veían. Poco a poco se acercó a mí y puso sus manitas a mi alrededor, protegiéndome del niño arroja jugo. O tal vez del mundo. Al día siguiente, él se encargó de mi agresor rompiendo sus crayones. Se ganó una visita al director, aunque también mi cariño.
Para bien o para mal, Gale me cuida —a su rara y sumamente extraña manera— y a cambio de ser mi guardaespaldas personal él me molesta sin limitaciones. Aunque yo le grite y lo reprenda él siempre está ahí, siendo un estorbo.
Creo que siempre ha sido así. Casi nunca demuestra su afecto pero siempre me resguarda. Razón por la cual estoy segura de que se avecina un interrogatorio largo y exhaustivo para encontrar a un único culpable.
Ya saben de quién hablo.
Ese chico que es la piedra en mi zapato de la que no me puedo librar, el fastidio en mi trasero, la basurita en mi ojo, etcétera. Ni más ni menos que Kieran Kavinsky.
Porque a pesar de que los rasguños en mi piel los ha ocasionado Lindy, Kieran fue el verdadero y único motivo de nuestro pleito. O, al menos, así lo interpretará mi hermano, quien ni siquiera sabe del falso rompimiento. En lo que a él le concierne, Kieran y yo aún estamos juntos.
Entonces, cuando me despierto el sábado por la mañana lo primero que hago es prepararme mentalmente para la charla con Gale. A continuación suelto un estornudo que me recuerda que prácticamente soy el clon del hermano enfermizo de los enanitos de Blancanieves y que en estos días vivo a base de pañuelos y pastillas.
Me doy una larga ducha caliente que me alivia un poco y me pongo mi piyama más abrigado ya que no pienso salir a ningún sitio. Bajo las escaleras para desayunar —aunque sean las 10:40 a.m.— y al entrar a la cocina me encuentro a mi hermano con una taza de chocolate caliente en la mano y una expresión que me hace pensar que me estaba esperando.
Me paro en seco por un momento para imaginar que pasaría si decidiera huir, pero finalmente me adentro en la cocina con la cabeza gacha, como si fuera un ladrón que acaba de ser arrestado. Eso pone a mi hermano en el lugar del policía que llevará a cabo el interrogatorio.
Gale sorbe su chocolate en tanto yo me sirvo una taza de café y tomo asiento en la mesa frente a él. Me analiza con ojos suspicaces que se muestran tan seguros que me hacen creer que ya lo sabe todo y solo está probándome para hacerme sufrir.
Claro, es imposible. Sin embargo, cumple su cometido al transformarme en una paranoica.
—¡Ya basta, Gale! —le espeto ya irritada de que continúe bebiendo de su taza en lugar de hablar y ya —. Suéltalo de una vez para que terminemos con esto.
—De acuerdo —acepta.
Asienta lentamente el recipiente en la mesa y se acomoda en la silla juntando ambas manos. Toda esa preparación logra aumentar mi ansiedad a otro nivel.
A veces quiero exterminar a mi hermano con mis propias manos.
—¿De dónde provienen todos esos rasguños?
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Ayudando al Playboy
أدب المراهقينTessa (Theresa) Greir, tiene un alto coeficiente intelectual, pero no es la típica nerd. Es sociable, tiene un grupo de amigos y no es una marginada. Kieran Kavinsky, popular, PLAYBOY con mayúscula porque hace lo que sea para llevarse a una chica a...
