Otro estúpido partido de lacrosse.
Detesto esta época del año. Aborrezco a esos tontos chicos que corren por el campo para atrapar una pequeña pelota con sus tontos sticks. Odio a mis amigas por acarrearme fuera de las comodidades de mi habitación y traerme aquí en contra de mi voluntad. No obstante, nada de eso se compara con el desprecio que crece en mi pecho dirigido al número dieciséis, que, como si pudiera oírme despotricando contra él, anota un punto y se une al festejo con el resto del equipo.
Lo odio.
Se preguntarán a qué se debe todo este odio hacia cualquier ser viviente u objeto inanimado. La predecible respuesta reside en mis entrañas, exactamente en mi útero. El período me tiene malhumorada, irritante y un tanto emocional, y en este preciso momento el malhumor es el protagonista.
El clima no ayuda en absoluto. Hace frío, mucho frío. Aún con dos chaquetas, un gorro y un par de guantes mi trasero se está congelando y no logro sentir el rostro. Cuando decidieron sacarme de casa a nadie pareció importarle mi leve resfriado, mi nariz roja llena de asquerosos fluidos corporales, mis ojos cansados, mis oídos adoloridos. Ahora el hijo de perra no me deja tranquila. Estornudar en este estado es horrible —ahí abajo es como un géiser —y me hace desear no haber nacido con vagina.
Quiero volver a casa.
—¡Quita esa cara! —me reprende Mel, lanzándome una palomita en el rostro —. Disfruta del espectáculo —dice felizmente con las mejillas sonrojadas por el frío. Perece no importarle ser prácticamente una paleta de helado.
Sé lo que están pensando: ¿Qué diablos pasó con la Mel desanimada y depresiva?
Bueno, pues, para resumir volvió con James.
Lo sé... lo sé, increíble verdad. Digo, luego de casi un mes de no dirigirse la palabra y solo darse miradas amenazadoras, ellos volvieron. Creía que ya no sucedería, pero hace tres días, en la casa de Abbi pasó lo inesperado.
Cinco minutos.
Cinco minutos a solas fue lo que necesitaron para reconciliarse. Derek y yo estábamos buscando las bebidas mientras Jen y Abbi elegían la película que veríamos. Se habían quedado solos en la gran sala de Abbi. No sé cómo sucedió, aunque puedo asegurar que nadie imaginaba que al regresar a la sala estuvieran besándose desenfrenadamente, apunto de arrancarse la ropa.
Fue una sorpresa para todos.
Y una patada en el estómago para las desafortunadas que no tienen esa suerte en el amor. Al hablar de desafortunadas me refiero al resto de nosotras, Jen, Abbi y yo, simples solteronas.
Deprimente, ¿no es así?
Abbi no se queja, ella se conforma con observar desde una distancia tal vez no tan prudente a los populares, ya saben, la Corte de Idiotas. Adorarlos es su pasatiempo. Jen no lo ha tomado tan bien, para ella es más complicado, ya que cuando empezaba a arreglar las cosas con Adam su hermana decidió hacer su gran entrada y arruinarlo todo. Hannah al fin mostraba interés real por él, entonces, Jen tuvo que hacerse a un lado. Yo... estoy bien. Me distraigo de manera muy fácil pasando el rato con mis amigos o con Ryan. He descubierto que es muy bueno cocinando y siempre gana cuando jugamos a las cartas.
Mi vista se concentra en el dieciséis nuevamente, escondido detrás de ese casco de protección. Otro jugador le arroja la pelota y él la atrapa en el aire. No puedo distinguir su rostro, sin embargo, lo conozco lo suficiente como para saber que está sonriendo. Esa horrible y arrogante sonrisa de lado. El solo pensamiento hace que mis facciones se tornen oscuras. Esto se incrementa de inmediato cuando le doy un vistazo a la zorra, la cual muestra su perfecta y blanca dentadura al alentarlo efusivamente.
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Ayudando al Playboy
Ficção AdolescenteTessa (Theresa) Greir, tiene un alto coeficiente intelectual, pero no es la típica nerd. Es sociable, tiene un grupo de amigos y no es una marginada. Kieran Kavinsky, popular, PLAYBOY con mayúscula porque hace lo que sea para llevarse a una chica a...
