Hace calor aquí y no estoy segura de si es por el hecho de estar en la cama de Kieran —con Kieran— o si me ha dado fiebre.
Me siento osada y valiente. Voy a echarle la culpa a las pastillas que tomé para la fiebre, el dolor de cabeza, la tos, etcétera.¡Esas cosas adormecen mi buen juicio!
Con la audacia corriendo por mi sangre, recorro su rostro con la mirada hasta llegar a mi objetivo. Me acerco con lentitud a su boca, casi rozando nuestros labios. Alargo el preámbulo todo lo que puedo, sabiendo que Kieran desea esto tanto como yo. Cierro los ojos muy despacio y, cuando hasta yo estoy convencida de que lo besaré, me aparto.
¿Por qué?
El celular de Kieran se ilumina al recibir una llamada y comienza a sonar desenfrenadamente. Ambos nos sobresaltamos y, como ya se ha destruido el momento, a Kieran no le queda de otra que contestar. No tengo ni la menor idea de quién nos ha interrumpido. Sin embargo, a juzgar por su expresión consternada y la mirada de disculpas que me dirige, no debe ser nada bueno.
Kieran entorna la puerta al retirarse del cuarto para hablar con más privacidad en el pasillo. Parece no percatarse de que puedo oírlo todo desde mi posición en la cama.
—Me fui de la escuela —le responde secamente a la persona al otro lado de la línea.
A continuación, hay una pausa como de un minuto en la que no emite sonido alguno. Supongo que la otra persona ha tomado su turno para hablar y recriminarle su descaro. Aunque no dura demasiado. Cuando Kieran se cansa de escuchar, vuelve a tomar la palabra. Esta vez, con el enojo colándose en sus palabras.
—Bueno, no sé qué esperabas. ¿Un telegrama para informarte que decidí largarme del instituto?
Empiezo a tener una idea de quién es. Y no me hace nada feliz.
—Ya para de gritar —protesta con su paciencia pendiendo de un hilo —. No voy a decírtel... —suelto un estornudo impidiendo oírlo todo —Porque no se me da la gana... ¡Tú fuiste la que me llamaste...! Sabes qué, Lindy —dice, confirmando lo que rondaba en mi cabeza —, no estoy de humor para esto.
Y le cuelga.
No estoy segura de cuál de las dos está más asombrada por el atrevimiento de Kieran, si ella o yo. Me inclino a decir que yo, ya que no tengo a Lindy en frente como para comparar el desconcierto en su rostro con el mío.
Aunque, en vez de alegrarme porque le haya colgado la llamada, mi mente comienza a darle vueltas al asunto con una visión más oscura mientras me quedo viendo fijamente la puerta, luego de estornudar una vez más.
¿Ella tiene su número? Exclama una voz estúpida en mi mente.
Claro que lo tiene. ¿Cómo no lo tendría? Es obvio que se llaman y escriben mutuamente desde hace meses. Probablemente, desde que se vieron en el parque Wells. Si hasta yo ayude a que estuvieran juntos, ¡por Dios!
¿Cuántas veces habrá estado en este preciso lugar? ¿Cuántas veces ellos...?
Kieran atraviesa la puerta, arrancándome de mis pensamientos.
—Lo siento. Era Lind... —lo interrumpo, sin deseos de escuchar salir ese nombre sus labios otra vez.
—¿Tocas? —pregunto, cambiando drásticamente el tema de conversación con lo primero que se me ocurre.
—¿Qué? —Susurra por lo bajo, con un semblante confundido.
Hago un ademán hacia la guitarra detrás de él. tratando de hacerle entender que justamente ahora no muero por hablar de la cosa que tiene con Lindy. Ya he escuchado suficientes rumores en los pasillos... Me he hartado de escuchar esas sucias historias: que ella le hizo sexo oral en un armario del conserje, que los atraparon en pleno acto debajo de las gradas del campo de lacrosse, que dejaron un condón usado en la biblioteca, que rompieron la puerta de un baño de tanto... ustedes entienden. Y sé que más de la mitad de los chismes son falsos pero, ¿y qué con los que son verdad?
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Ayudando al Playboy
Novela JuvenilTessa (Theresa) Greir, tiene un alto coeficiente intelectual, pero no es la típica nerd. Es sociable, tiene un grupo de amigos y no es una marginada. Kieran Kavinsky, popular, PLAYBOY con mayúscula porque hace lo que sea para llevarse a una chica a...
