Capítulo 24

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Al salir el frío de la noche golpeó su cara, por lo que levanta la cremayera de su campera y guarda sus manos en sus bolsillos para mantenerlas calientes. No pasaban autos, tampoco había mucha gente caminando a esas horas de la noche, por lo que más confiado se encamina a la casa de Pedro.

La sensación de que hay una presencia detrás suyo le hace voltear innumerables veces pero no encuentra nada, mira hacia la calle, tratando de encontrar alguna sombra o algo, pero tampoco logra divisar nada.

La paranoia le invade, agarra algunas calles que no lo llevan a su destino solo por miedo a que alguien lo siga hasta la casa de Pedro, acelera su paso, contando las cuadras que le faltan para llegar a su destino.

Al estar a solo unas cuadras de la casa de su amigo siente unos pasos apresurados detrás de él, por lo que comienza a acelerar su paso, sin ver un auto que se aproximaba a gran velocidad.

-¡¿Eres idiota, wey?! ¡Vas a hacer que te maten!- Grita exaltado el conductor mientras le toca innumerables veces la bocina. Su corazón latía con fuerza mientras que su respiración se tornaba pesada, por lo que lleva una mano a su pecho, como si de esa manera sus palpitaciones logren anivelarse.

Es solo tu imaginación, Fede, solo sigue caminando.

Luego de unas cuadras más, llegua a la casa de Pedro. Golpea repetidas veces la puerta de su casa hasta que finalmente, luego de unos minutos, ésta se abrió.

-¿Qué haces aquí a estas horas?- Pregunta un adormilado Pedro, si bien eran casi las doce, no dejó de pensar en que, cada vez que venía, él se encontraba durmiendo.

-Disculpa la hora- Rasca su nuca nervioso. -Tengo algo muy importante que preguntarte- Pedro se queda unos minutos observándolo, intentando leer sus movimientos, por lo que le permite pasar.

-¿Quieres tomar algo?- Ambos se dirigen al living de la casa, sentándose en los sillones que decoran el lugar.

-No, gracias- Susurra nervioso, jugando con sus manos antes de comenzar a explicarse. -Veras... Luego de salir hoy con Sky, Nicole llegó a casa y estuvo llorando, yo quise hablar con ella pero no me contó lo que pasó. ¿Tu sabes algo? ¿Ella te contó algo sobre Sky?

-No, chama, ella no quiso hablar conmigo en todo el día. Igual la noté un poco rara el día de hoy- Se removió incómodo en el sillón, abrió y cerró la boca incontables veces, como si quisiera hablar pero las palabras no quisieran salir.

-Rara... ¿En qué sentido?

-Ella nunca, en toda su vida, se ha puesto ropa tan corta como la de hoy en los vestidores. No quiero sonar acosador, pero cuando Nicole se fue a probar la ropa me quedé viéndola para ver que se había escogido y cuando la vi salir... Ay no chama, era otra- Habló apresuradamente, mientras se tocaba la sien con su índice.

-¿Y eso para vos es algo raro? Quizás solo quiso experimentar algo nuevo-Tira su cabeza hacia atrás, dejándola reposar en el respaldo del sillón.

-Ella... a ella no le gustaría que te contara esto- Bajó la cabeza apenado, mientras negaba.

-Mira. Puedo entender que ustedes son mejores amigos y se cuenten todo, pero estoy realmente preocupado. Ella llegó a la casa y se encerró en mi habitación, no quiso comer nada, Agus entró a ver como estaba y cuando me dejó entrar la vi llorando- Apoya sus codos en sus rodillas, pasando sus manos sobre su rostro con frustración. ¿Por qué nadie confiaba en él hoy en día?. -Solo... estoy tratando de ayudarla.

-Alto ahí, ¿Ella no quiso comer?- Su mirada se ensombreció, sus puños se tornaron blancos por apretarlos tanto.

-No, le llevé un sandwich y lo comió de mala manera, no creo que lo haya terminado.

-Llévame allá- Dijo cortante, para luego levantarse e irse a su habitación, saliendo unos minutos más tarde cambiado.

Federico llama a un uber, sin querer repetir su mala experiencia de hace un rato. No hablaron en todo el camino, dirigiéndose la mirada en algunas ocaciones para después voltear y obrservar las calles de México por la noche. Al llegar, Pedro se dirige rápidamente hacia la entrada, dejando a Federico pagando el uber.

-Hola, Pedro, ¿Qué haces aquí?- Pregunta Sebas a penas ponen un pie dentro de la casa. Él no contestó, casi corriendo se dirigió a la habitación de Federico, dejando al par de amigos solos. -¿Qué le ocurre?- Señala al lugar en el que, segundos atrás, se encontraba Pedro.

-Vino a ver a Nicole- Contesta serio, sentándose en el gran sillón a esperar que alguno de los amigos venezolanos baje las escaleras.

Unas fuertes pisadas se escuchan del otro lado de la puerta de la habitación en la que descansa Nicole, éstas se detienen un momento y luego se escucha un golpe en la puerta.

-Pase- Susurra, para después ver a su mejor amigo mirándola molesto.

-Eres idiota, niña- Escupe, cerrando la puerta detrás de él.

-También es un gusto verte- Vuelve a susurrar, agachando la cabeza en la espera de su regaño, el cual nunca llegó. Unos sollozos se escuchan, por lo que Nicole levanta la cabeza, sintiendo su corazón rompiéndose una vez más al ver a su mejor amigo llorando por su culpa.

Siempre por su culpa.

-No quiero verte así de nuevo, niña estúpida- Susurra, dirigiéndose a ella para abrazarla. -No quiero verte caer nuevamente- Se separan, mirándose con pena el uno al otro.

-Eso... eso no volverá a pasar- Agarra su mano, acariciándola con su pulgar.

-Fede me dijo que no quisiste comer- Le miró con reproche. -¿Sabes lo duro que fue para mi verte, con tan solo dieciséis años, en una camilla de hospital, recibiendo comida a través de un tuvo? ¿Sabes la impotencia que me dio verte, con tus brazos esqueléticos y tus manos huesudas, intentando encontrar la fuerza para levantarte y dar un paso para ir al baño? ¿Sabes el dolor que sentí al saber que, por tres semanas, solo comiste lechuga y tomaste agua, solo porque unos idiotas no quisieron estar contigo por "estar gorda"? ¡Me sentí una gran mierda!- Se tapó la cara con sus manos y comenzó a llorar. -Tu, acostada en esa camilla, con todas tus fuerzas intentabas sonreírme, intentabas decirme que estabas bien y yo me sentía como el peor hijo de puta de la historia por no decirte, a tiempo, que tu cuerpo era, es y siempre será hermoso, por no decirte a tiempo que esos idiotas lo que quería era que cayeras en su trampa, que intentes hacerte algo o peor...- Nicole no deja que terminara la frase, arrojándose a sus brazos para comenzar a llorar con él. Recordando aquellos tres meses en los que, al no comer nada por toda una semana, terminó internada en un hospital. Recordó cada noche en la que él dormía junto a su camilla, dormía sentado en una silla, con su cabeza apoyada en sus piernas, mientras sujetaba su mano, estuve exactamente tres meses en rehabilitación y él, todas las noches, se quedaba con ella, cuidándole. Y una imagen cruzó su mente en ese momento.

-Prometo no caer nuevamente- Con todas sus fuerzas levanta su mano y la lleva a su cabeza, él se encontraba dormido, sabía que eso en la mañana le haría doler el cuello, pero él dijo que prefería eso a dormir en una cama, sabiendo que no ella no se encontraba bien. -Prometo ser fuerte... por ti- Una lágrima recorre su mejilla y se pierde en la tela de la almohada.

-Mmm... Nick- Susurra aún adormilado, su mano buscando algo desesperadamente. Reposa su mano a su lado y él la toma, acercándola a su cara.

-Te lo prometo- Y sus ojos se cierran.

-Lo siento... prometo no volver a caer- Su mano acariciando su pelo, su mano acariciándole la espalda. Su mejor amigo estaba ahí, llorando por ella, demostrándole que él la amaba, y le entregó el amor que ella necesitaba y Federico no lograba entregarle del todo. Dándole a entender que el amor no solo es estar con tu pareja, el amor son las personas que, a pesar de tener sus días malos, siempre estarán para ti, ayudándote a levantarte aunque ellos mismos necesiten ayuda para salir de ese pozo en el que se encuentran atascados.

Pedro y Federico lograban mantener su corazón completo.

Ojos que no ven|| FedecoleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora