XXIX

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Mis tacones resuenan sobre el pavimento mientras camino hacia la plaza de mi antigua ciudad.

Los pies de ella también.

Kira.

También la siento, siento a Lauren todos los días con los ojos abiertos o cerrados ella me acompaña y yo la dejo estar conmigo porque no la quiero olvidar, quiero que se quede y vea a su hija, vea a su hermano y a mí que tanto daño le hicimos.

Han pasado dos años desde que ella murió y desde que decidí ir a vivir con Christopher a otra ciudad para dejar atrás todo y tratar de empezar de cero con Kira.

Me encantaría decir que todo esto es por Kira, pero no, la verdad es que sigo amando a Christopher como siempre o tal vez aún más y sé que no se merece mi amor por todo lo que me hizo porque él me contó el motivo de su estúpido juego y traté de odiarlo.

Hice todo lo posible para aborrecerlo, pero me era imposible despertar todos los días con su cara a centímetros de la mía y no querer besarlo u observar sus largas pestañas y acariciarlas, por eso en cierta forma me odio por no poder odiarlo.

Pienso en todo el daño que nos hizo a mí y a Kira pero no lo puedo culpar porque él no está bien, me costó tanto aceptarlo, pero el amor enfermizo que tenía lo transformó en otro.

En lo único que pienso cuando lo veo, cuando lo abrazo, cuando me sonríe o cuando lo veo jugar con Kira es en el hombre que antes solía ser, del hombre que me enamoré. Eso hace que le abrace, que le sonría y que juegue con él y Kira.

Nunca podría sentirme feliz del todo ya que con Lauren se fue una parte muy importante de mi vida y estar alejadas de mamá y Andrea tampoco es fácil aunque vayan a visitarme constantemente, pero estoy feliz, lo que puedo de ello supongo.

Tengo una casa tengo un esposo y tengo una niña aunque no sea mía, cuando Kira crezca un poco más quizá y tengamos una hija o hijo, tengo lo que antes me habría hecho muy feliz.

Dejo de pensar cuando veo a una niña pelirroja corriendo hacia nosotras, sus grandes ojos verdes brillan cual esmeraldas.

—¡Tía! —Grita y me abraza.

Sonrío y las lágrimas se precipitan a salir, veo a Andrea viniendo hacia nosotras.

—Hola Maddie, mira quién vino para pasar el día contigo.

Maddie mira tímidamente a Kira y esta le sonríe a lo que Maddie corresponde con otra sonrisa notándose así la falta de dientes de las dos.

—Hola Kristen —Andrea me abraza y luego a Kira—. ¿Lista para un día increíble con la tía Andrea?

La Emperatriz de sangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora