Yuuri estaba acostado junto a Makkachin en el sofá de Viktor, el ruso había preferido no llevar al caniche cuando acompañara a Yuri con su psicóloga, según el veterinario el frio provocaba dolor en el viejo perro.
— ¡Yuuri, Yurio va a ir a una fiesta y no me dijo!
—No quería que hicieras un escándalo.
— ¡Yurio crece demasiado rápido! —Viktor se dejó caer junto al sofá y acercó su cabeza a la mano de Yuuri—, siento como si fuera ayer cuando era un niño rebelde que se negaba a seguir las indicaciones de Yakov.
—Sigue siendo un niño rebelde.
—Mirándolo de esa manera no ha madurado.
Ambos adultos se sonrieron y acariciaron a Makkachin.
—Es bueno que tenga amigos.
—Pero es muy pequeño para ir a una fiesta.
— ¿Cómo te enteraste?
—Me ordenó ser su chofer.
***
Yuri observó a Aleksandra acomodar su falda y orejas con el reflejo del vidrio, con un poco de maquillaje y el cabello arreglado la chica se veía diferente, se movía nerviosa en su asiento y cada nada revisaba su teléfono.
— ¿No has ido a una fiesta?
—Cuatro, pero nunca fueron con disfraces, o alcohol.
— ¡Hay alcohol en la fiesta!, ninguno de ustedes va a ir, me niego a llevarlos.
Yuri pateó con fuerza la silla de Viktor, se inclinó sobre el asiento ante la mirada curiosa de Aleksandra y presionó un botón sobre tablero.
—O nos llevas o caminamos, si nos llevas sabrás dónde debes recogernos, si no...
Viktor suspiró y mientras Aleksandra indicaba el camino el patinador se lamentaba por la actitud de Yuri, el aludido ignoró los lamentos del peliplata y actualizó sus redes.
Cuando llegaron a su destino Viktor bloqueó las puertas y dedicó cerca de diez minutos a reprochar la mala actitud de Yuri y dar una larga lista de recomendaciones de las cosas que no debían hacer.
—Dile eso al Cerdo, o sigue tus propios consejos, ustedes dos dan pena cuando beben.
—Pero Yurio...
— ¿Te recuerdo el último banquete, o el anterior a ese?
—Pero tú eres un niño pequeño demasiado competitivo y con problemas de ira, si bebes demasiado terminaras haciendo alguna estupidez de la cual te vas a arrepentir.
—Maldito...
—Y deja tu teléfono, no vas a subir nada a las redes mientras estés en una fiesta con alcohol y sin chaperones. Voy a llamar a Aleksandra a la una de la mañana, si no están fuera soy capaz de hacer un escándalo y humillarlos a ambos.
—Sí señor —Aleksandra le arrebató el teléfono a Yuri y lo empujó para que bajara.
—Joder, ¿Por qué le diste mi teléfono al viejo?, no lo había apagado y seguramente va a leer mis conversaciones.
Aleksandra soltó una risita y caminó hasta la entrada, la acera estaba ocupada por carros que usaban el espacio público como parqueadero, las cortinas estaban corridas, pero la música podía escucharse y luces de colores brillaban bajo la puerta.
Aleksandra presionó el timbre y se balanceó sobre sus pies, volvió a leer la tarjeta bajo la escasa luz del pórtico.
—Dudo que nos hayamos equivocado de lugar.
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Errantes
Fiksi PenggemarYuri Plisetsky vive una buena vida, ganó el Grand Prix a la edad de quince años, tiene un abuelo querido y amoroso, Otabek Altin es su mejor amigo y confidente, va a tomar unas merecidas vacaciones antes de regresar a la pista. Peo a raíz de una ter...
