10. Primer siglo

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Volterra, 13 de agosto del 911 d. C.

El tiempo transcurrió lentamente para los gemelos Vulturis. Con el correr de los años, ambos se percataron de que no estaban envejeciendo, ni siquiera cambiando. No importaba cuantas veces se mirarán al espejo, siempre se veían igual.

Algunas veces Jane se desperaba. A pesar de haberse congelado en la mejor época en la vida de cualquier mujer y de tener un rostro angelical, Jane se sentía presa de su propio cuerpo. Su afán de que querer conocer más y de mostrarse como una mujer madura la llevaba a realizar rabietas infantiles ya que estaba obligada a usar prendas juveniles a pesar de ser mayor. Había momentos en los que odiaba su feminidad ya que en vez de hacerla feliz, la oprimia. Veía con envidia la ropa de las mujeres mayores y se maldecia por haber accedido a transformsrse en vampiresa sabiendo que nunca más podría volver a ser humana. Los líderes Vulturis intentaban calmarla cada vez que hacía uno de sus berrinches pero solo Alec lograba calmarla.

La vida monótona que llevaba no se parecía en nada a la idea que se formó en su mente cuando Aro le habló de la guardia Vulturi. Con el correr de los años, se dio cuenta de que lo único medianamente interesante eran las misiones, las únicas veces en las que podían salir del palacio. Lamentablemente no eran muy frecuentes, por lo que debía conformarse con entrenar, leer, componer música, pintar y pasar tiempo con Alec. Las esposas de los Vulturis invitaban a las guardias para realizar bordados o simplemente tejer. Al principio Jane se unía a ellas, sin embargo, su falta de paciencia y su rebeldía la hizo desistir de invertir tiempo en esas labores sumamente femeninas. Durante años, ella se dedicó a perfeccionar su don y a aprender todo lo que Aro y Caius les enseñaban a sus pares masculinos, su hermano incluido, sobre guerras y batallas. Todos se sorprendieron al ver lo excelente que era y la nombraron jefa de la guardia.

Alec, con el correr de los años, se convirtió en un romántico sin remedio. Por más de que los hombres a su alrededor insistieran en que debía ser un hombre fuerte, amante de la lucha y superior a las damas, la realidad era que seguía siendo un chico sensible. Mientras su hermana se dedicaba a quejarse por cosas tan triviales como la ropa, a el le interesaba todo lo relacionado con el amor. Creía firmemente en las pocas historias de amor que había en la biblioteca, le gustaba pasar tiempo con las esposas durante las horas en las que se dedicaban a tejer para poder entender un poco más la naturaleza femenina. Ellas no lo querían cerca y lo echaban, los guardias lo llamaban afeminado y los maestros lo veían con decepción. Esas muestras de rechazo lo habían deprimido en el pasado, pero ahora que sabía lo importante que era, se limitaba a seguir los consejos de su hermana e ignoraba todo lo que decían sobre el.

Su instinto sobreprotector se había incrementado al ver que su hermana sufría ocasionalmente. Él era el mayor y su deber siempre sería cuidar a su hermanita. Una de las ventajas de la inmortalidad era que disponían de una gran cantidad de tiempo para conocerse. El siempre fue más cuidadoso y detallista que su hermana, además de que luego de dieciséis años ya era capaz de identificar algunos estados de ánimo de ella. La transformación en vampiros los alteró a ambos y fueron desconocidos durante un tiempo. Cuando dejaron de ser neófitos y el deseo de sangre dejó de ocupar un lugar central en sus mentes, Alec descubrió que seguían siendo los mismos. Ella seguía siendo impulsiva, caprichosa y dominante mientras que el seguía siendo cauteloso, conformista y sumiso.

Jane y Alec sufrieron algún tipo de discriminación y rechazo por parte de los guardias. Ambos aprendieron a confiar solo en ellos y se volvieron los confidentes del otro. Una de las consecuencias de pasar tanto tiempo juntos fue que comenzaron a desarrollar un lenguaje de señas y miradas para comunicarse en silencio. Los brazos de Alec se convirtieron en el refugio de Jane cada vez que ella se sentía inquieta y débil. Las palabras de Jane se conviertieron en la fuerza que Alec necesitaba cada vez que sus inseguridades volvían. Su relación de hermanos se reforzaba con cada día que pasaba ya que a pesar de ser indestructibles y de tener todo lo que quisieran, materialmente hablando, ellos eran los únicos que se entendían.

Segunda oportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora