Volterra, Italia, 2015
Un suave gemido escapó de sus labios cuando él la acarició. Ya debería estar acostumbrada a sus caricias, pero siempre se sentía maravillada por las sensaciones que despertaban en su interior cada vez que él la acaricia.
Con placer, siguió atentamente cada uno de sus movimientos, echando la cabeza hacia atrás cuando él alcanzó ese punto que la hacía estremecer. Su cuerpo se tenso por milésima vez en años, anticipándose a un nuevo viaje al extasis absoluto. Casi lo logró. Lo hubiera hecho de no ser porque un sonido estridente la devolvió al mundo real de la manera más cruel posible.
Ella fulminó con la mirada a su amante, reprimiendo su impulso de torturarlo. Él sonrió inocentemente al alejarse de ella.
–Apaga eso y vuelve para terminar con lo que comenzaste. No puedes dejarme así –lo miro de forma implorante, con esa mirada febril y autoritaria que a él le encanta.
–Solo será un instante –le prometió mientras tomaba su teléfono móvil–. ¿Diga?
–Me estoy enfriando –protestó con un suspiro y dejo caer su cabeza sobre la almohada.
Una sonrisa acompañada de caricias en su pecho fue la única respuesta que recibió.
Mordió su labio para no gemir mientras lo escuchaba hablar por el maldito teléfono. ¿Por qué demonios los humanos tuvieron que inventar esas cajitas molestas y ruidosas? Maldita tecnología.
Para que la espera no fuera demasiada, dirigió su mirada hacia la ventana, notando que estaba amaneciendo. ️¿Tan rápido pasó la noche? ¿Acaso pasé toda la noche satisfaciendo mis deseos carnales? Muy mal. Eso esta muy mal. Se supone que solo lo harían una vez y luego trabajarían.
–Es tu hermano, quiere hablar contigo.
–Desearía ser hija única –ella se quejó y tomó el aparatito negro con mal humor, acercandolo a su oído—. ¿Qué quieres, Alec? Estoy ocupada –añadió molesta.
–Si, lamento que estes "enfriandote" –replicó en un tono mordaz, precedido por un suspiro pesado–. Jane, si tienes un teléfono debes usarlo, o al menos mantenerlo encendido. No quiero llamar a Benjamín cada vez que quiero hablar contigo.
–Odio estar pendiente de esa cosa, no me gustan –rodó los ojos–. Aún no respondes, ¿qué quieres?
–Solo quería verificar que tienes un espacio en tu agenda para venir a vernos.
Su tono era animado, pero ella no lo soportó. Simplemente se limitó a cortar la llamada y devolverle el teléfono a Benjamín con mal humor.
–La próxima vez que quieras meterte entre mis piernas, apaga esta mierda –espetó.
–Jane... –él ronroneó e intentó atraerla hacia el una vez más, pero la rubia fue más rapida y abandonó su cama, tomando su bata de seda negra y cubriéndose con ella.
–Vuelve a tu habitación, duchate y vístete. Debemos ir a Londres –ordenó con apatía antes de meterse en el baño.
La vida de Jane adquirió un ritmo frenético luego de que Benjamín quemara a los líderes fundadores de los Vulturi. Ese día todos se sorprendieron al ver que Benjamín fue capaz de asesinar a sus maestros sin el menor titubeo.
Benjamín, el tonto y risueño Benjamín se había convertido en un asesino frío y despiadado.
Los guardias protestaron, intentaron acusarlo de Alta Traición, una más grave que la de Jane, pero, ¿quién tenía potestad para juzgarlo? Ninguno de los líderes fundadores estaba vivo, Alec había renunciado a los Vulturi hace siglos, Jane estaba siendo juzgada y él mismo era el actual jefe de guardia. Dejando a Jane a un lado, nadie podía imponerle una orden sin sufrir las consecuencias.
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Segunda oportunidad
FanfictionAlec y Jane Vulturi son conocidos por ser los vampiros más jóvenes, crueles, sádicos y fríos del mundo. Fueron convertidos a la tierna y conflictiva edad de 13 años, un momento vital en donde ocurren cambios físicos y psíquicos, los deseos y necesid...
