Le costó aceptarlo, pero ya no podía negarlo más, Alec y Renesmee estaban enamorados y su destino era estar juntos. Tal como Esme aseguraba, su hermano era feliz y no se olvidaría de ella.
A Jane le costó bastante, pero hizo el sacrificio de llevarse bien con Renesmee, su futura cuñada. Luego de que la pareja lo hiciera oficial, ayudó a Renesmee con los planes de la boda. Pasó varias tardes junto a ella, ayudandola a elegir el vestido, la iglesia y el lugar al que iría de luna de miel. Por un momento, Jane pensó en invitar a los maestros, a fin de cuentas ellos eran como sus padres y tíos, pero Alec habría puesto el grito en el cielo.
Alec y Carlisle se habían ido, probablemente a cazar o a que Alec tuviera su despedida de soltero. Esme y Jane tuvimos que calmar a Renesmee, quien se había puesto nerviosa cuando terminaron de ponerle el vestido de novia. Al parecer, la inseguridad se había apoderado de ella en el último momento y creía que no era digna de convertirse en la señora Vulturi. Si, Alec negaba su pasado italiano, pero aún conservaba el nombre de sus mentores. Un par de bofetadas fueron suficientes para que Renesmee reaccionará y dejará de lado sus miedos infantiles. Si dependiera de la vampira rubia, hubiera usado su don, era más efectivo, pero Esme no la dejó hacerlo, ella decía que debía ser buena con su futura cuñada.
Era extraño volver a pisar una iglesia, hace muchos siglos que Jane renunció a su fe, sin embargo, su hermano aún creía en los cuentos de la iglesia. No había nadie, solo estaban ellos cinco y el cura dejó de hacer preguntas cuando hicieron una generosa donación. Carlisle había acompañado a Renesmee al altar, entregándole su mano a su hermano, quien juró solemnemente cuidar y proteger a su pequeña y cobriza esposa luego de pronunciar unos votos e intercambiar anillos.
La fiesta fue sencilla. Escucharon un poco de música en el gramófono y los gemelos tocaron algunas piezas en el piano. Fue ridículo infantil, pero Renesmee quiso lanzar su ramo, y para desgracia, cayó en manos de Jane, aunque rápidamente lo lanzó en dirección a Esme. Ellas rieron y dijeron que su movimiento no fue válido, el ramo la eligió y ella sería la próxima en casarse, algo imposible ya que había dejado de creer en el amor y no tenía pareja. Al anochecer, acompañaron a los recién casados hacia la estación de trenes para que fueran a parar su luna de miel en Nueva York.
Un manto de incomodidad envolvió a Carlisle, Esme y a Jane cuando los recién casados se fueron. La rubia fue a su habitación a esconderse, aún así no pudo evitar oírlos y espiarlos desde la distancia. Ellos eran demasiado dulces y era obvio que se amaban, sin embargo, el fantasma de Esme era lo que frenaba cualquier avance que esa relación pudiera tener.
Ellos no eran sus padres biológicos, pero había aprendido a verlos y quererlos como si lo fueran. Esme tenía algo en su interior que hacía que fuera imposible negarse a su cariño y a su bondad. Jane jamás creyó necesitar a una madre, ni siquiera lamentó no tener una, pero todo cambió al conocer a Esme. Ella la había cuidado con su compañía silenciosa, la había hecho sentir querida y segura, le daba amor sin pedir nada a cambio y ahora ella sentía que tenía el deber de hacer algo para poder agradecerle por todo su cariño.
Tomó un papel y se limitó a escribir unas líneas sencillas para explicarles que no debían preocuparse por ella. Con cuidado, tomó su capa negra y se la puso, antes de salir de la casa y cumplir su misión.
Esme se sentía feliz, creía que era la mujer más feliz del mundo. Carlisle era un cabellero, era todo lo que una podía desear encontrar, era un príncipe salido de un cuento de hadas. Alec y Renesmee se habían ido hace una semana y Carlisle y ella estaban juntos, actuando como dos novios acaramelados, disfrutando del otro y robandose algunos besos.
Sus besos la hacían suspirar y la llevaban al cielo, Esme no quería imaginar lo que sería estar con él a solas en una cama si solo sus besos eran suficientes para dejarla rendida a sus pies. Durante esos días, ella se sentía plena, sin embargo, algo faltaba. Mientras el doctor Cullen estaba en el hospital, Esme empezó a limpiar la habitación de Jane y encontró una nota de encima de la cama.
Mamá, papá,
Cuando noten mi ausencia, no se preocupen por mi. Me iré para darle caza a un bastardo y volveré dentro de unos días. Cuídense, amense, y diviértase.
Los quiero,
J. V. C.
No supo definir qué fue lo primero que sintió luego de leer la nota. Se sintió conmovida de que Jane les dijera "mamá y papá" a ella y Carlisle en lugar de llamarlos por sus nombres, pero también le preocupaba saber que la rubia torturaria a alguien. Con preocupación, esperó a que Carlisle volviera.
Él también se preocupó y se culpó por no haberle prestado más atención a Jane. A pesar de ser incorrecto, Jane amaba torturar a las personas, sin embargo, ahora que no la estaban vigilando, ella podría hacer lo que quisiera.
–Volverá –la consoló Carlisle–. No se atreverá a desaparecer por mucho tiempo. Seguramente volverá antes de que Alec vuelva de su luna de miel.
Resignada, Esme dejó que sus palabras calmaran la ansiedad que sentía por no saber nada de Jane. Una semana después, en medio de una noche de tormenta, la puerta principal de la casa se abrió y la vieron entrar.
Al principio se asustó al verla ya que su ropa estaba rasgada, llena de tierra y sangre, al igual que su rostro y cabello. Sus ojos rojos confirmaban la sospecha que rondaba por la mente de ambos: Jane había bebido sangre animal durante su viaje misterioso. Pese a la mueca de decepción de Carlisle, Esme se acercó a Jane y la abrazó al ver su mirada ausente.
–¡Jane! ¿Dónde estabas? Estuve muy preocupada por ti durante estos días, nunca más vuelvas a irte sin avisar.
–Lo maté, ese bastardo ya no podrá molestarte –sonrió un poco.
–¿De que hablas?
–De Charles. Él está muerto y ya no podrá molestarte.
Al oír ese nombre, Esme se quedó congelada y sintió los brazos de Carlisle rodearla. Jane empezó a explicarles que estuvo persiguiendo a Charles para poder torturarlo y matarlo para vengarse por todo el daño que le había hecho a Esme. El gesto fue bueno y a pesar de sentirse tranquila al saber que ese hombre no podría molestarla nunca más, no justificaba que tuviera que morir antes de tiempo, algo que se aseguró de remarcarle a Jane.
–El fin justifica los medios –se defendió la rubia.
–No lo hagas más, no debes vengarte y hacerle daño a los demás.
–Pero se lo merecía.
–Jane tiene razón –la defendió Carlisle–. Él hombre era un bastardo y el daño que te provocó a ti, puede provocarselo a otra mujer. No estoy de acuerdo en que Jane empiece a ser una justiciera, ni que empiece a torturar a todos los criminales de la ciudad, pero por esta vez no me enojare, siempre y cuando sea la primera y última vez.
–Prometo que no volveré a hacerlo –dijo Jane con un poco de sumisión.
Luego de abrazarla una vez más, ella fue a darse un baño y a cambiarse de vestido. Una vez que estuvo presentable, se sentó en el sillón libre para preguntarles qué habían hecho durante su ausencia.
ESTÁS LEYENDO
Segunda oportunidad
FanfictionAlec y Jane Vulturi son conocidos por ser los vampiros más jóvenes, crueles, sádicos y fríos del mundo. Fueron convertidos a la tierna y conflictiva edad de 13 años, un momento vital en donde ocurren cambios físicos y psíquicos, los deseos y necesid...
