Volterra 1720
Alec ya no podía aguantar más, su curiosidad era más fuerte. Jane no lo apoyaba, pero no podía depender de su autorización eternamente. Si, ella era la jefa de la guardia Vulturi, era poderosa y líder por naturaleza, pero él era el mayor. Jane siempre sería su hermana menor, siempre dependería de él. Él era el mayor y podía hacer todo lo que quisiera.
Carlisle llevaba dos décadas viviendo con ellos. El vampiro inglés nunca se había convertido en Vulturi porque no poseía dones y porque no compartía la filosofía de los Vulturis, además de estar cansado de que Aro intentara cambiar su mentalidad. A pesar de que el líder Vulturu había tratado de convencerlo, el inglés estaba decidido a irse al Nuevo Mundo con el sueño de dedicarse a la medicina y de encontrar más vampiros que compartieran su estilo de vida. Las maletas ya estaban hechas y solo era necesario esperar a que el barco zarpara para poder abandonar la ciudad que los estucos construyeron.
–Es ahora o nunca Alec, es tú momento –el joven Vulturi se observó al espejo con la determinación en sus ojos. Una determinación que jamás había tenido.
Lentamente se cambió su ropa y se quitó el collar que todos los Vulturis usaban. Al dejarlo sobre la mesa, sintió como se liberaba de un gran peso que no sabía que estaba cargando. Sonrió y se colocó una capa antes de saltar por la ventana. Se quedo quieto durante una hora antes de ver a Carlisle salir del palacio y dirigirse al bosque.
Por momentos Alec se sentía estúpido al seguir a Carlisle en medio de la noche. Por momentos su convicción se debilitaba y deseaba volver a palacio. Si Aro se enteraba, probablemente recibiría un gran sermón. Un Vulturi no podía beber sangre animal, ningún vampiro debía hacerlo porque iba en contra de la naturaleza, sin embargo, la curiosidad era más fuerte. Carlisle lo hacía todo el tiempo así que no podía ser tan malo. Beber sangre animal una vez no le haría daño, nadie se enteraría, sí sus ojos se volvieran dorados, solo debía beber sangre humana para que nadie supiera lo que había hecho. Nada podía salir mal.
Carlisle caminaba tranquilamente a través de unos árboles que ya lo habían visto varias veces. Alec lo seguía con incredulidad y nerviosismo. El castaño jamás se había adentrado tanto en un bosque. Es cierto que la luna los iluminaba, pero el prefería la seguridad de la ciudad repleta de calles y construcciones. Había muchas ramas y hojas secas por el suelo, eso sin contar con las raíces de los árboles, por lo que debía tener cuidado y ver en donde pisaba para que el rubio no lo descubriera.
Sin previo aviso, Carlisle comenzó a correr a gran velocidad, obligándolo a seguirlo a la misma velocidad para no perderlo de vista. Alec se sorprendió al ver el universo verde que lo rodeaba. Era capaz de escuchar a los animales a su alrededor y de ver a los pequeños insectos en las cortezas de los árboles. Una sonrisa se formó en sus labios mientras contemplaba todo a su alredor, maravillado al descubrir la magia de los bosques en la noche.
En un momento de lucidez descubrió que había perdido de vista a Carlisle. Se quedó quieto y trató de buscarlo. Era muy malo a la hora de perseguir a alguien, si no la veía constantemente era capaz de perder a la persona que trataba de seguir. Suspiró frustrado y escuchó una risa encima de él. No tuvo tiempo para elevar la cabeza ya que escuchó a alguien aterrizar detrás de él, dio media vuelta y vio a Carlisle, quien tenía una sonrisa divertida.
—Carlisle —suspiró algo aliviado.
–Debo admitir que estoy algo sorprendido, no creí que me seguirias por tanto tiempo. ¿Aro te envió a seguirme?
–¡No! –Alec retrocedió y negó efusivamente–. El maestro no sabe que estoy aquí, nadie lo sabe. En realidad yo... yo... –él comenzó a jugar con sus manos nerviosamente y bajó su mirada.
–¿Quieres probar la dieta animal? –preguntó Carlisle con cautela.
–Así es —asintió Alec con algo de timidez.
–No es algo malo Alec. La sangre animal puede ser muy beneficiosa si decides seguir fielmente esta dieta.
–¿Mis ojos se volverán dorados si bebo la sangre animal?
–Si solo bebes una vez, no. En lo personal demore mucho tiempo en tener los ojos dorados. Al principio eran rojos, luego se aclararon un poco y adquirieron una tonalidad anaranjada, con el tiempo siguieron aclarandose y terminaron siendo dorados.
—¿Y el sabor?
—Jamás probé la sangre humana así que no podría compararlas. Por el olor sé que no es tan atractiva como la sangre humana, pero sirve para no tener sed.
–No sé qué me pasa. La realidad es que estoy cansado de todo esto –un suspiro se escapó de sus labios y miró al vampiro rubio—. Jamás quise ser vampiro, fue Jane quien tomó la decisión para salvar mi vida. Jamás me sentí cómodo con la idea de matar humanos para sobrevivir, pero era lo que debía hacer para no tener sed. Hace años que lo vengo pensando, pero nunca me atreví a buscarte y pedirte que me ayudes a beber sangre animal. Estas por irte y se que si no lo hago ahora, no volveré a tener otra oportunidad.
–No es fácil ser un vampiro. A la gran mayoría no le importa beber sangre humana, pero a unos pocos si les afecta.
—Si pudieramos elegir entre ser vampiro y morir elegiriamos morir –Carlisle asintió y lo miró.
–No voy a mentirte, la sed y la tentación siempre están presentes. A veces siento que voy a ceder y me obligo a frenar mis instintos depredadores. Se necesita una gran fuerza de voluntad para resistir y en tu caso será difícil porque estas acostumbrado a la sangre humana.
–Si hay una forma de vivir sin ello y no es repugnante entonces lo intentaré.
Carlisle sonrió al ver la determinación en el joven. Sin perder tiempo, comenzó a explicarle que la sangre de los animales carnívoros era similar a la de los humanos. También le explicó como cazar un animal y el joven le entregó su capa para comenzar a perseguir a un ciervo. Carlisle observó los pobres intentos y la patética lucha de Alec para tratar de morder y beber la sangre de un ciervo. El joven Vulturi volvió con la ropa sucia de tierra, el pelo revuelto y pelo animal en la boca que trataba de escupir para quitárselo. Una sonrisa inocente se asomó en sus labios, miró a su nuevo mentor y le preguntó cómo estuvo.
–Nada mal para ser la primera vez, mejorarás con el tiempo y ya no te ensuciaras tanto. Con la práctica también aprenderás a evitar el pelo.
–Eso es molesto.
—Lo que importa eres tú, ¿cómo te sientes?
–Raro. No es tan sabrosa como la sangre humana, de hecho no tiene gusto a nada pero sirve para calmar un poco la sed.
–Los herbívoros no son muy atractivos pero son los más fáciles de encontrar.
—Lo tendré en cuenta –Alec asintió pensativamente y miró a Carlisle–. ¿Puedo intentarlo otra vez?
—Claro —respondió el aludido con una gran sonrisa–. Vamos.
Ambos vampiros caminaron a través del bosque y cazaron juntos. Lentamente, Alec comenzó a sentirse más seguro y cometió menos errores. Carlisle lo observaba con admiración al ver como era posible cambiar de dieta si uno se lo proponía. Cuando bebieron lo suficiente, recogieron sus prendas y volvieron al palacio, hablando sobre la caza y los pros y contras de la dieta animal.
Se separaron en el momento en que llegaron al palacio y Alec se encerró en su habitación. Se cambió de ropa y volvió a mirarse en el espejo, sintiéndose bien por primera vez desde que se había convertido en vampiro.
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Segunda oportunidad
FanfictionAlec y Jane Vulturi son conocidos por ser los vampiros más jóvenes, crueles, sádicos y fríos del mundo. Fueron convertidos a la tierna y conflictiva edad de 13 años, un momento vital en donde ocurren cambios físicos y psíquicos, los deseos y necesid...
