49. Entre drogas, The Beatles y transplantes de corazón

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San Francisco, California, Estados Unidos, 1968



A veces, los momentos más felices pueden estar precedidos por los más caóticos. No obstante, el apoyo de la familia puede ser muy importante para enfrentar todos los obstáculos que la vida ponga en nuestro camino.

A pesar de tener distintas edades y estar marcados por el momento cultural en el que nacieron y fueron convertidos, todos los vampiros del clan Cullen tienen algo en común: respeto a las tradiciones. Todos proceden de una época en donde las parejas se casan antes de vivir juntas y las jóvenes casaderas nunca deben salir de solas de casa. No obstante, luego de las guerras mundiales, el mundo comenzó a cambiar y las nuevas generaciones se volvieron más liberales.

A Emmett, Rosalie, Renesmee y Alice, los más jóvenes de la familia, no les importaba, pero el resto era mayor y sus costumbres son más firmes, las cuales trataban de vencer para adaptarse a los nuevos tiempos. Nadie lo dijo, pero Jasper sabía que a Esme y a Carlisle les molestaba que él y Alice no estén casados. A él también le molesta. Es tan extraño estar con una mujer que amas y que no es tu esposa, pero al mismo tiempo es más importante que una novia porque ya tienen intimidad.

El no poder ponerle una etiqueta a Alice le molestaba, pero también le molestaba que Alice no tuviera interés o ansias en adoptar un compromiso más formal con él. Esa indiferencia, perfectamente podía interpretarse como falta de amor, pero al leer sus emociones, Jasper podía comprobar lo enamorada que ella estaba.

–Seguramente podrá verlo. Ella ve todo –comentó Jane luego de que Jasper le planteara sus dudas–. No lo pienses tanto porque verá cada uno de tus movimientos. Simplemente haz lo que creas que debes hacer.

–¿Qué pasará si dice que no? –cuestionó Jasper con inseguridad.

–Nada grave –Jane se encogió de hombros y terminó de beber la sangre de su ciervo–. Tal vez estén tensos un tiempo, pero se perdonarán y seguirán juntos por el resto de la eternidad, a menos que quieras quedarte solo o convertir a una humana en vampira para manipular sus emociones, lograr que te ame y sea tu esclava en la cama.

—Jamás le haría algo así a una mujer –replicó con repugnancia al pensar en lo que Jane había dicho. Ella volvió a encogerse de hombros y enterró la piel de su animal, esperando que Jasper terminara con el suyo.

Siguiendo el consejo de la rubia, Jasper fue a una joyería y compró el anillo más sencillo y bonito que vio. Con cuidado, escondió el anillo en el bolsillo trasero de su pantalón, listo para improvisar y declararse en el momento apropiado.

Algunos días después, en una fría y estrellada noche, sucedió.

Ambos estaban paseando en el bosque, sus pieles estaban bañadas por la luz de la luna y una gélida brisa los envolvía. Jasper se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en un árbol, invitando a Alice a ubicarse encima de él. Con cariño, envolvió su cuerpo pequeño con sus brazos para eliminar toda la distancia entre ellos.

Una estrella fugaz cruzó el cielo, provocando que Alice sonriera y sus ojos brillaran. En sus más de sesenta años, ella jamás había visto una estrella fugaz. Conocía su existencia, pero nunca había experimentado la dicha e ilusión de ver una. Al notar a su compañera tan absorta en el cielo, Jasper decidió tomar ventaja del momento.

–Pide un deseo –susurró–. Siempre que uno ve una estrella fugaz debe pedir un deseo. Yo acabo de hacer el mío.

–¿Puedo saber qué deseo es? —cuestionó con curiosidad, mirándolo con ilusión.

–Que seas mi esposa.

Sin dejar de mirarla a los ojos, movió su mano hacia el bolsillo trasero de su pantalón. Extrajo un anillo de plata y se lo ofreció a su compañera. Los ojos de Alice se abrieron por la sorpresa dado que no había previsto la propuesta de Jasper. Sin pensarlo, tomó su rostro con sus manos y lo besó con dulzura.

Segunda oportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora