Alec estaba nervioso, sumamente nervioso. Jamás se había enfrentado a una situación tan difícil. La decisión ya estaba tomada, el se iría de Volterra junto a Carlisle y la opinión de los maestros no le importaba, no obstante, había una opinión que si le importaba: la de su hermana. Cada vez que el trataba de hablar sobre la dieta de Carlisle, ella realizaba algún comentario ingenioso para cambiar de tema ya que no era algo de lo cual la rubia quisiera hablar. Varias veces había ensayado frente al espejo, pero la sola idea de decirle sus planes a su hermana lo ponía nervioso.
Debes hacerlo Alec, ella lo entenderá.
¿Realmente Jane es capaz de entenderlo? Alec no lo sabía y con gran angustia iría a averiguarlo. Tomó una gran bocanada de aire antes de salir de su habitación y buscar a su hermana en la sala de música. Los delicados y tristes acordes del piano le confirmaron que ella estaba allí, como todas las tardes. Con cierta timidez, Alec abrió la puerta y entró en la sala llena de instrumentos, cerró la puerta detrás de si y se sentó al lado de su hermana para colorar sus dedos sobre las teclas del piano y formar un dueto. Una sonrisa se formó en los labios de la chica mientras ambos interpretaban una melodía que habían creado en una aburrida tarde invernal.
–Hace mucho que no hacemos esto –susurró ella sin dejar de tocar. La angustia formó un nudo en la garganta del chico y su hermana lo notó, frenando la melodía para verlo a los ojos–. ¿Estás bien? Te noto algo raro.
–Jane, ¿podemos dar un paseo? –él la miró con preocupación y se puso de pie. Ella, sin entender nada, lo imitó y recogió un poco la falda de su vestido para poder seguirlo.
Alec tomó su mano, algo que siempre hacía cada vez que daban un paseo. Solo las parejas podían pasear tomados de la mano, pero ellos eran hermanos gemelos, se conocían muy bien y a veces parecían un matrimonio. Habían decido que jamás se casarian y no les importaba la opinión de los demás, ya que para ellos, ese gesto era algo inocente y completamente fraternal.
Jane estaba ansiosa y quería preguntarle a su hermano qué es lo que lo tenía tan preocupado. Ella no era tonta y sabía que Alec le estaba ocultando algo. La mirada del joven era distinta, había una especie de firmeza y felicidad que jamás había tenido. Una parte de ella quería hablar con el maestro y pedirle ayuda para saber que le pasaba a Alec, no obstante, su instinto le decía que lo mejor era esperar, a fin de cuentas ellos jamás se ocultaban cosas.
Abandonaron el palacio en silencio, cada uno metido en sus pensamientos. No era un silencio incómodo debido a que los rodeaban los sonidos típicos de un bosque la noche, además de estar acostumbrados a distinguir los momentos en los que las palabras eran o no necesarias. La luna se alzaba majestuosamente en el cielo, iluminandolos con su pálida luz. A pesar de estar adentrándose cada vez más en el bosque, Jane dejó de recoger la falda de su vestido, ya no le importaba si se ensuciaba, lo que le importaba era saber a dónde se dirigían ya que era raro que dieran un paseo nocturno fuera de la ciudad.
Luego de un rato, Alec divisó el pequeño claro donde él y Carlisle hablaban sobre el viaje que realizarían. Invitó a su hermana a sentarse en un tronco caído, sorprendiendose al ver que ella lo hacía sin quejarse. Tal vez sospecha algo, pensó. La Jane que el conocía era demasiado vanidosa, era extraño que aún no se hubiera quejado de que se estaba ensuciando. Se sentó a su lado y tomó su mano, escogiendo cuidadosamente las palabras que usaría para manifestar sus deseos.
—Hermana...
—Hermano, ¿qué te sucede? –preguntó suavemente.
—Debo confesar algo, pero no sé como hacerlo sin que te enojes.
—¿Es muy grave?
–Para mi no, para ti puede o no serlo, todo depende de tus sentimientos —el la miró solemnemente y ella comenzó a preocuparse.
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Segunda oportunidad
FanfictionAlec y Jane Vulturi son conocidos por ser los vampiros más jóvenes, crueles, sádicos y fríos del mundo. Fueron convertidos a la tierna y conflictiva edad de 13 años, un momento vital en donde ocurren cambios físicos y psíquicos, los deseos y necesid...
