Después de haber leído el nuevo mensaje de Alexander, comienzo a entrar en pánico y por ende a hiperventilar, lo cual provoca que se intensifique mi insoportable migraña. Aparentemente, lo hago lo suficientemente fuerte como para despertar a Julie, quien tiene cara de desconcertada.
—¿Te acordaste de lo de anoche? —me pregunta cuando ve mi expresión facial.
—¿De que me emborraché? Sí, pero no hizo falta. La resaca me lo dejó bien claro.
—Me refiero a todo lo que sucedió una vez que te emborrachaste.
Mis ojos se abren como nunca lo habían hecho en mi vida. No tengo idea de lo que pude haber hecho mientras estuve borracha, solo me acuerdo de haber bailado un rato, entrado al baño y escrito unos cuantos mensajes a Alexander.
—Julie, ¿qué fue lo que sucedió una vez que me emborraché? —Mi corazón se detiene en cuanto veo la mueca que pone Julie.
—¿Hasta dónde te acuerdas? —Lleva su labio inferior hasta su barbilla cuando me hace la pregunta.
—Me acuerdo de haber bailado descalza al costado de, pero no con Kaspar luego de que me rompiera el tacón. Recuerdo... —hago una pausa para reflexionar—. Recuerdo haber bebido mucho ron, demasiado, y del barato. También me acuerdo de haberme metido al baño, y de haber mensajeado a Alexander.
—¿No recuerdas qué pasó cuando saliste del baño?
—Creo que me desmayé... Me besé con un chico, aparentemente, pero estoy bastante segura de que me desmayé... —Me detengo en cuanto veo a Julie levantar las cejas en modo de sorpresa—. ¿No es así?
—Pues, a ver... Fue en ese momento que me encontré contigo, había estado bailando con Christopher durante el rato que llevábamos ahí.
Me acuerdo claramente de cómo le estabas sobando el trasero, muchas gracias.
—Te sugerí que subiéramos arriba a la terraza, a reposarnos un rato antes de que hicieras algo de lo que te pudieras arrepentir después, con el estado en el que estabas —prosigue mi amiga—. No me escuchaste, estabas mirando detrás de mi hombro. Ahí me di cuenta de que estabas teniendo un intenso contacto visual con—
Solté un chillido.
—Alexander. Al final, me empujaste a un lado y te pusiste a bailar con un chico de pelo castaño y rizado, porque Alexander estaba bailando con otra chica. Creo que hasta te besaste con él a lo loco, no sé. Sin embargo, Alexander y tú no despegaban los ojos de sí. Fue muy incómodo para mí, pero decidí no intervenir porque no estabas pasando ningún límite. Eventualmente, la chica con la que estaba bailando Alexander comenzó a besarlo, haciendo que él quitara sus ojos de ti. Ya te imaginarás que fue lo siguiente que quisieron hacer.
—Sexo. Sexo del duro —respondí con una mirada que indicaba disgusto.
—En efecto. Y, sin lugar a dudas, en ese momento también supiste qué fue lo que planeaban hacer después, a pesar del alcohol, porque lo siguiente que supe fue que te habías ido corriendo al piso de arriba, mucho antes de que ellos llegaran a la habitación de Alexander.
Ahí es cuando una ola de recuerdos invade mi mente y todo lo que sucedió la noche anterior vuelve a mí.
Cuando los veo besarse, una corriente de rabia invade mi ser. No es la primera vez que lo veo besarse con alguien, lo he visto hacerlo en el fondo de videos o fotos que subieron amigos suyos u otras personas de su escuela y mi hermano lo ha mencionado casualmente al frente mío en una que otra ocasión. Incluso si no hubiera sido el caso, no me hubiera sorprendido que lo hiciera a menudo; con el físico que tiene, ¿quién no aprovecharía? No obstante, que lo haga en vivo, a tan solo unos metros de mí, despierta en mí sensaciones nefastas que nunca he sentido en mi vida.
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Al otro lado de la calle
RomanceAlexander Blumenberg es inteligente, talentoso, germánico, millonario e irresistiblemente atractivo. Nunca lo vi como nada más que el amigo de mi hermano (además del protagonista de mis más descabellados sueños), hasta que una serie de sucesos, tant...
