Verónica y yo hablamos un rato más, hasta que ella decide ir a bañarse en el mar. Mis amigos, Joseph y Gregory todavía están empedernidos en su partido de volleyball. Yo, por mi parte, me encuentro sentada en la arena, tratando de mantener mi atención en el juego para dar seguimiento al puntaje, mas mi mirada se desvía constantemente a la escena detrás de los jugadores.
No es sorpresa que sea el caso dado el cuerpo semidesnudo de Alexander, que luce más atractivo que nunca puesto que en su torso expuesto se refleja la luz del sol. Tiene cierto aire a Poseidón, en su forma más seductora. Claramente Eva está de acuerdo conmigo ya que no le quita sus ojos de encima.
De repente, una voz susurra en mi oído:
—¿Te traigo un vaso para que no se te caiga la baba al suelo?
Me asusto con la idea de que podría ser Verónica, pero, para mi muy gran alivio, se trata de Julie, que se está tomando un descanso del partido para tomar agua.
—¿Estoy siendo así de obvia? —le pregunto con las cejas mirando hacia arriba.
—Tanto que me di cuenta de que lo estabas mirando mientras estaba sacando.
Frunzo la nariz, —Es culpa suya por quitarse la camisa y exponer así su cuerpo.
—No lo dudo —me responde Julie sarcásticamente—. Me imagino que la chica pelirroja es de la que me hablaste, la que te faltó el respeto el día en que cenaste con toda esta gente.
—Sí, Eva.
—Hmm... Zorra.
Río al escuchar a mi amiga.
—En cualesquiera otras circunstancias, te diría que desapruebo el uso de esa clase de vocabulario, pero el sujeto en cuestión se merece el término.
Esta vez, es Julie quien ríe ante mi comentario rebuscado y minuciosamente formulado. Desde que empleé la palabra 'lúdico' en lugar de 'lúcido' cuando estaba enviándole mensajes a Alexander hace unas semanas, he estado leyendo más que nunca para enriquecer mi vocabulario y probarle que no soy una sonsa.
Ya sé, patético.
—Me imagino que el guapetón del costado es Edward —añade Julie.
—En efecto.
—¿Cómo es que todos los chicos de esa escuela están tan buenos? No es justo que el azar los haya bendecido económica y estéticamente.
—Lo mismo digo, pero, para ser sincera, tú podrías conseguirte a cualquiera de esos chicos si quisieras. Eres preciosa, Julie.
—Lo dices como si tú no lo fueras —me responde con un semblante desconcertado.
—Vamos, Julie. No vamos a meternos en esta discusión de nuevo.
—Eres tú la que la empieza denigrándote a ti misma cuando no te lo mereces, pero lo que tú digas.
—Vamos, parece que ya van a reanudar la partida —le comento—, mejor ve yendo. Trataré de controlarme y resistir la tentación de mirar a Alexander.
—Tratarás y fallarás, pero supongo que tengo que irme.
Incumpliendo mi palabra en cuanto mis ojos se despegan de mi amiga, mi primer instinto es volver a posar mi mirada sobre Alexander. Me sorprendo cuando veo que están saliendo del agua y acercándose a nosotros. Automáticamente, comienzo a entrar en pánico.
Cuando llegan mi hermano y el trío del mal, me apresuro en agarrar mi celular para que parezca que estoy ocupada haciendo algo además de mirar al horizonte.
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Al otro lado de la calle
RomanceAlexander Blumenberg es inteligente, talentoso, germánico, millonario e irresistiblemente atractivo. Nunca lo vi como nada más que el amigo de mi hermano (además del protagonista de mis más descabellados sueños), hasta que una serie de sucesos, tant...
