Cursi.

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Steve abre lentamente la puerta del cuarto, detrás de ella, una chica de cabello rojizo abre los ojos y baja la mirada mientras sostiene un paño

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Steve abre lentamente la puerta del cuarto, detrás de ella, una chica de cabello rojizo abre los ojos y baja la mirada mientras sostiene un paño.

―¿Sucede algo? ― pregunta Steve recargandose en la puerta metálica, ahorrandose la pena de estar sólo con su ropa interior y remplazandola por cierta comezón desconocida.

―Sólo venia a limpiar la habitación, Capitán ― contesta sin mirarlo directamente.

―No creo que sea muy conveniente hacerlo ahora. Tony está dormido, y sinceramente no quiero despertarlo, apenas y durmió anoche ― dice Steve con un tono que no había utilizado antes para remarcar esa última frase. Esa sensación extraña le embriaga, tanto como Tony, se cuela dentro de sus pensamientos. Tal vez habían sido aquellos recuerdos que de presentaron en forma de sueños.

Y, por dios, Steve reconocía el comportamiento de aquella chica como algo descarado. Steve sabe perfectamente que ella llega cuando él sale a correr, comienza su trabajo una hora antes, según Tony, para así no estorbarle mientras arregla la torre, pero él sabe, no es estúpido. Él se da cuenta como muchas veces, después de entrenar, entra a la habitación y ve a Tony, acostado, pero el cuarto está arreglado a la perfección, y el castaño ― inconsciente del poder que ejerce sobre las mujeres cuando no le interesan ― se mantiene justo como Steve lo dejó ― y aunque no debería ser necesario aclarar, la mayoria de veces, eso significa casi desnudo ―. Steve sabe, él nota como la chica lo mira, como desea lo que es suyo, como desea arrancarle las placas de reconocimiento del cuello a Stark; pero si ella quiere entrar, a él no le importaría que esta vez vea a Tony casi desnudo, pues la noche dejó claras marcas en ambos.

―Oh, no creo que esta vez sea necesario. Podría esperarme unos minutos ― la chica comienza a percibir aquella extrema amabilidad en el rubio como intimidación. Su sonrisa no es la misma.

―Tal vez si no haces ruido podrías limpiar, para no hacerte trabajar más tiempo. No queremos retenerte más de lo necesario. No sería justo, ¿o sí? ― el soldado abre lentamente la puerta, asegurándose de que Tony se pueda ver a través de ella. Voltea para mirarlo antes de terminar de hablar, las sábanas apenas y le cubren el pecho. La chica niega lentamente con la cabeza cuando los ojos azules de Rogers vuelven a posarse sobre ella.

―Podría volver luego. No me molesta quedarme más tiempo ― contesta apretando el trapo en sus manos con discreción.

―¿Sabes? Lo mejor sería que te fueras. Hay muchas cosas en la habitación que sería mejor que nadie mirara; así que lo más conveniente sería que nosotros la limpiaramos ― argumenta con una sonrisa que no llega a sus ojos. La chica asiente, sin querer decir más, toma las cosas de la limpieza y emprende su camino para alejarse. El gesto del rubio esta vez refleja verdadera alegría y satisfacción mientras la ve alejarse.

―Vaya, si que eres un asco con las mujeres ― comenta Tony provocando que Steve gire abruptamente a su dirección. Las orejas del rubio comienzan a colocarse mientras Stark se ríe de él.

Avengers Academy WhatsApp II.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora