Submarinos.

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       Loki comienza a caminar y a sonreír

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Loki comienza a caminar y a sonreír. Malekith le ofrece su mayor sueño en bandeja de plata, listo para que él simplemente lo reclame y lo haga suyo. Esa caída de su ser, esa prueba de que en realidad no importa cuanto tiempo o que cosas pasé, el siempre será el mismo. Aquel deseo que había sido arrancado de sus manos desde su nacimiento hasta la eternidad haciéndole maldito. Es una condena con la que nació, una que jamás podrá quitarse, como si estuviera encadenada a su cuello. Sabe que todo aquello es lo que siempre ha evitado ser, pero vuelve a arrastrarse en su inmundicia, muriendo por su propio impulso, siendo negligente con todo su entorno. El mismo se vuelve indigno, se vuelve el monstruo, el traidor, el ruin desamaldo que siempre quiere todo lo que no es suyo.

Y él ya no es más el apestado.

―Aléjate de él ― escucha una voz y pisadas que chocan contra el pavimento con rapidez. Alguien viene, no a su rescate, sino a apoyarlo ―. No le interesan tus sucios tratos embusteros. Largate de aquí y no regreses ―. Fandral se coloca a su lado, sosteniendo su espada y preparándose para una batalla si así se requiere.

―No vengo a contender contra un siempre guerrero. Yo he venido por las palabras del rey de Jötunheim ― contesta el elfo sin mirar al rubio. Observa como Loki tiene una expresión neutra, pero camina hacia él.

―No puedo ser rey de un pueblo maldito que sólo busca asesinar por capricho. No me veré arrastrado por las absurdas guerras entre Jötunheim y Asgard de nuevo como si fuera un peón para su partida ― aclara mirando sin titubear a los ojos del contrario, quien asiente y comienza a a retroceder cuando distingue dos figuras altas que sostienen un martillo. Ha cumplido su cometido.

―¡Loki! ¡¿Qué ha sucedido?! ― grita Thor corriendo hacia él mientras aquellos rivales se desvanecen entre la niebla.
   

       Tony y Steve están en una cafetería, deteniéndose para comprar submarinos y unas bebidas

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Tony y Steve están en una cafetería, deteniéndose para comprar submarinos y unas bebidas. El rubio había conducido por diez minutos, y luego recordó que el castaño no había comido nada en todo el día y ya casi eran las cinco de la tarde, así que se detuvieron para comprar suministros para el pequeño viaje. Obviamente Rogers no iba dejar a su novio conducir, porque sabía que aún teniendo piloto automático querría hacerlo él mismo, así que para evitar cualquier tipo de altercado, lo más sencillo era colocarse en el lugar del piloto.

Avengers Academy WhatsApp II.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora