Una salida con amigas. Una noche de hotel con un desconocido. Un inesperado giro laboral. ¿Qué hacer cuando el amor aparece en el momento incorrecto?
*Desarrollada en Argentina.
**Capítulos CORTOS
**Registrada en SafeCreative
Incapaz de no sonreír por su apreciación, nos perdimos en el tráfico mañanero.
Nos topamos con muchos autos a pesar de ser tan temprano; odiaba manejar en Buenos Aires, pero debía agradecer que me había ahorrado el hecho de desviarme hasta su casa.
Soñando con jubilarme temprano y casualmente, residir en Mar del Plata, la elección de la casa en el barrio de Nordelta no había sido al azar: María Clara estaba literalmente emperrada en mudarse allí.
Tener un lago artificial cerca, una paz que indudablemente se respiraba y muchos metros cuadrados a llenar con voces de pequeños, era un ideal que ella había perseguido desde niña.
Habiéndose criado en un barrio de clase media baja, tener aquella seguridad económica le permitía olvidar las veces en que el dinero no era mucho. Sin embargo, su tenacidad y esfuerzo estudiantil le habían dado la posibilidad de trabajar en un banco que le diera una buena paga y con ello, solventar sus estudios.
Ahorrando cada centavo, no sólo se graduaría con honores en la carrera de Licenciada en Relaciones Laborales sino, que, además, viajaría a EEUU para un curso que, a priori, le diese más herramientas para progresar.
Y fue para entonces cuando su amigo Quincy la invitó a una fiesta en su departamento y también lo hizo con José María y su novia.
Asimismo, la pareja del dueño de casa, George, era un brillante economista que había coincidido en unas clases conmigo. El resto, era fácil de deducir: fiesta, algo de alcohol y un flechazo que nos dejó embarazados a poco de comenzar a salir y con un desenlace poco deseado que hasta hoy, nos tenía presos.
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El hotel era lujoso y cómodo.
La luz natural era un plus que debería pagarse como un extra dentro del servicio de alojamiento.
Poca gente, atención de primera y unas habitaciones amplias, lo hacía perfecto. Cambiando por habitaciones dobles a último momento, no me arrepentí del gasto.
— ¿Hola? — pidiendo disculpas con mi palma en alto, me aparté de la puerta de ascensor. Magali subió sola ya que María Clara me estaba llamando por tercera vez —. Estaba en la ruta, nos demoramos un poco más de lo calculado.
— ¿Y qué onda la mina...? ¿...bien?
— La tengo al lado, Clari. No puedo hablar mucho — mentí, mi compañera ya estaba en viaje al quinto piso.
— Está bien...bueno...después llamáme y chusmeá cómo te fue en el almuerzo con esta gente.
— Dale...te llamo a la noche. Vamos a estar bastante concentrados en el tema.
Apenas entré a mi cuarto corrí las cortinas de par en par para mirar el parque circundante y nuevamente, desear ser otra persona por un rato.
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