Peinando mi cabello, me miraba en el amplísimo espejo del baño de mi habitación.
Eran las 10 de la noche y al día siguiente, teníamos un nuevo desayuno junto a Arismendi y Peters.
Lo que obtenía como imagen no era del todo agradable a mis ojos; un vientre que distaba de la perfección, unas caderas pronunciadas que desafiaban el ancho de cualquier juegan, unos pechos prominentes que asesinaban cualquier escote y una estima que por momentos era dudosa.
Era el cuerpo de una madre que por momentos era coqueto: hacía bicicleta fija, se compraba ropa nueva y en otros, comía papas fritas de paquete, helado del pote y miraba tele sin despegarse del sillón.
Sin embargo, ese chico que estaba a dos habitaciones de la mía había recorrido mi cuerpo sin fijarse en las viejas estrías, ni en mi nulo bronceado tan cercano al verano, ni en mi ausencia de depilación definitiva.
Él había disfrutado de estar con una mujer de carne y hueso que había sabido retribuirle el placer concedido.
Entrando en calor, con las imágenes de su bajo vientre hundiéndose en mi boca, me senté sobre la tapa del inodoro y me apantallé con la mano. Una mano que comenzó a tocar su intimidad al rememorar el tacto caliente de Astor sobre mí.
En pleno goce, el teléfono del cuarto rompió mi ardiente soledad.
Sintiéndome fatigada, empapé mi rostro con agua fresca y fui a atender.
— Ho...hola — el balbuceo de mi jefe saludó. Desde temprano no habíamos tenido oportunidad de volver a vernos; en tanto que yo había cenado sola en el hotel, él había ido a una reunión con unos potenciales clientes de Olavarría.
— No, estaba preparándome para ir a la cama— con tus recuerdos en mi cabeza y en mi piel.
— Ah...bueno....
— ¿Necesitabas algo?
— No tuvimos tiempo de repasar algunos conceptos para mañana.
— ¿Y si nos juntamos bien temprano, un poco antes del desayuno?
— A las 7:30 tenemos que estar en el club de golf. Quizás prefieras dormir un poco más y no levantarte aún más temprano de lo previsto — expresó con toda la razón del mundo.
Mentalmente, evalué todas las posibilidades.
— Me pongo algo presentable y voy. ¿Te parece?
— ¿Tan impresentable estás? No lo creo— preguntó con tono burlón.
— Tengo el pijama de una nena de 12 años.
— No seas tonta, Magali. Yo sé que cualquier cosa te quedaría bien...— no supe qué responder —. Dale, te espero.
Y en un santiamén, supe que estaba a un paso de ir a la boca del lobo.
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"A destiempo" - (Completa)
ChickLitUna salida con amigas. Una noche de hotel con un desconocido. Un inesperado giro laboral. ¿Qué hacer cuando el amor aparece en el momento incorrecto? *Desarrollada en Argentina. **Capítulos CORTOS **Registrada en SafeCreative
