Alexander

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—¿Enfermo? —Magnus sintió el nudo en su garganta.

—Bueno, ya no puedo decir que estoy enfermo, simplemente lo estuve. — Alexander entrelazó sus dedos con los de Magnus. — cuando era pequeño, sufrí de criptorquidia.

Magnus miró en silencio, perdido en las palabras del ojiazul, esperando que el otro hablase, que le explicase más de lo que le estaba contando.

—Okey...— Alexander respiró profundamente y continuó. — uno de mis testículos, no bajo, cuando nací, era muy pequeño y mis padres demasiado jóvenes, no notaron algo realmente anormal en los primeros meses, pero cuando fue lo suficientemente obvio para mi madre, que algo entre mis piernas, en mis genitales, no funcionaba, no estaba realmente bien. — Alec sintió como las manos le sudaban. — quienes me atendieron no supieron considerar las palabras de mi madre, no me examinaron, ellos pensaron, justificaron su ineficiencia en la hipocondría de una madre primeriza.

—Eso es negligencia...— Magnus había llevado una de sus manos a su vientre, los médicos eran las personas que se convertían en la fuente de confianza de muchas personas, el mismo había visto en los ojos, en las manos, en los conocimientos de los médicos que lo atendieron cuando se lesionaba, la idea de lo que hacían los médicos, lo que significaban, para los padres primerizos, lo hizo estremecer.

—Lo fue, efectivamente lo fue...— Alec levantó su mano y la posó en el pequeño vientre de Magnus. — Mis padres asistieron a un nuevo doctor, yo tenía casi dos años. — Alexander tragó. — mi testículo simplemente ya no había bajado, el calor de mi cuerpo lo hizo fallar, cuando me hicieron la cirugía para hacerlo bajar, no sabían si realmente solucionaría todo.

—Pero estás aquí, eso quiere decir que todo salió bien ¿verdad? — Magnus se sintió esperanzado.

—Si, bien, hasta hace unos años, cuando cumplí 14, estaba normalmente irritado, insomnio, me sentía cansado, siempre practicaba deporte, arquería, pero mi cuerpo perdía músculos, resultaba hasta doloroso. —Alec sintió sus lágrimas bajar por sus mejillas. —el nivel de testosterona de mi cuerpo era demasiado bajo, mi pene...

—Alexander...— Magnus notaba la incomodidad del otro, no quería que él otro continuara, no quería que el otro sintiese la incomodidad del momento. —No es necesario...

—Si, lo es, quiero contarte todo, la verdad es que mi pene no funcionaba, el testículo no funcionaba, a pesar de estar en su lugar, ya no funcionaba como debería, por lo mismo, la producción de espermatozoide también es menor.

Magnus levantó las manos, quitando las lágrimas que ahora parecían dejar rastro en las mejillas del ojiazul. —No llores...— Susurró.

—Mis padres siempre se han sentido culpables, siempre han sentido que ellos se equivocaron, que si me hubiesen cuidado nada de esto sería como es, que yo podría hacer mi vida, que podría tener hijos, que podría ser un hombre normal...

—Alexander, no digas eso, la verdad es que eres normal, eres un hombre completo, hay diferentes tipos de familia, hay diferentes tipos de padre y si la verdad deseas tener una familia...

—Claro que lo deseo Mags, pero ahora estoy en camino a tenerlos. — Alexander sonrió. — Ahora nuestro pequeño frijolito crece aquí y yo, haré todo para que ambos sean felices, les daré todo para que ambos puedan estar bien, puedan estar sanos, para que ambos vean lo hermoso que siento de tenerlos conmigo, de saberlos a mi lado y que sepa que ya quiero verlo, que muero por conocerlo.

Magnus se aventó al cuerpo del otro, sintiendo como el otro lo rodeaba entre sus brazos, en como ahora era el quien lloraba, era quien sentía que el alma se le partía, que en ese maldito momento en que debía decir la verdad, pero, no contaba con las fuerzas, no contaba con la capacidad de decirle la verdad, de romper el corazón ya roto de un hombre brillante, amoroso y que cualquiera hubiese amado, que incluso él podía llegar a amar.

El moreno sabía que no estaba enamorado de Alexander, pero nadie lo había tratado tan bien, nadie lo había cuidado, nadie había puesto las manos al fuego por él ciegamente, Magnus apretó los labios, esperando que el quejido y los sollozos que parecían querer salir de su boca bruscamente, esperaba que su pequeño "frijolito" fuese realmente hijo de Alexander.

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