Correr.
Mis pies descalzos se movían a toda velocidad por el pavimento, mi respiración, ya de por sí agitada, se volvió aún más dificultosa, mi corazón estaba latiendo a un ritmo frenético e hice todo el esfuerzo posible para que mi cabeza no se volviera hacia atrás y así pudiese echar un vistazo.
Estaban detrás de mí. Lo sabía bien. Podía sentirlos.
Mis piernas comienzan a flaquear a causa del esfuerzo, mis pies ardían, sangraban y dolían. Estaba pérdida y muy jodida. Todo esto posiblemente sería más fácil si no llevase un ligero vestido blanco. Hacía frío. Mi cuerpo empezaba a entumecerse lentamente.
Además de eso, me sentía terriblemente mal. Tenía un dolor interno casi insoportable dentro de mi cuerpo y sentía ganas de llorar.
¿Qué había hecho? ¿Por qué me seguían? ¿Qué querían de mí?
Sin poder soportarlo un segundo más, giré mi cabeza para echar un vistazo por encima del hombro.
Nada. Eso es justo lo que vi: nada.
En ese momento de distracción absurda e incredulidad, choqué contra algo sólido y di un desliz hacia atrás que por poco me hizo caer de lleno contra el suelo.
Pude identificar rápidamente ese objeto como un cuerpo humano.
Mierda. Me habían atrapado. No tenía más escapatoria.
Con el rostro palidecido, levanté la mirada para ver a mi persecutor e intentar hacer cualquier cosa para huir de allí nuevamente.
Sin embargo, cuando mis ojos alcanzaron su rostro, mis ojos se abrieron con asombro y escepticismo, y antes de que pudiese hacer nada, unos brazos cálidos me envolvieron el cuerpo. No pude evitar cerrar los ojos con alivio.
—Ya todo está bien, Danielle —dijo acariciando mi cabellera—. No me han hecho nada, sigo vivo.
Me separé ligeramente de Mark, poniendo distancia entre nuestros cuerpos, pero algo cambió. Ya no era Mark el que me abrazaba, ahora era…
—¿Te asustaste mucho, niñita?
Las comisuras de mis labios se movieron hacia abajo y le lancé a Michael una mirada de incredulidad. A pesar de eso, no me sentí inquieta, ni insegura.
—¿Dónde está Mark? —pregunté alarmada, mirando a todos lados. El enorme dedo índice de Michael se posó en mi mejilla haciendo que mi vista quedara fija en él.
—Él no está aquí —contestó con una seriedad impresionante.
Comencé a sentir temor. Temor por Mark. Me pregunté dónde estaría ahora y si se encontraba bien.
—¡Pero estaba aquí hace unos segundos! —exclamé horrorizada sintiendo los nervios crecer dentro de mí. De no ser por la mano de Michael, que se encargaba de sujetar mi mandíbula, habría comenzado a mirar frenéticamente hacia todos lados.
—Sí, estaba —respondió sin inmutarse y, de repente, una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro—. Pero ahora no lo está, ¿y sabes por qué?
Tragué en seco. No estaba segura de si lo hice por el tono espeluznante y su sonrisa retorcida, o por la proximidad que había entre nosotros.
—¿Por qué? —pregunté temiendo la respuesta que daría.
Su sonrisa se ensanchó a más no poder y se acercó aún más, hasta dejar sus labios rozando mi oreja.
—Porque ahora me deseas a mí —susurró. Su aliento cálido chocó suavemente con mi piel y mis ojos se cerraron levemente por el contacto.
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Designada ©
Romance"No hay casualidad, sino destino. No se encuentra sino lo que se busca y se busca lo que está escondido." -Ernesto Sábato. Obra registrada en Safe Creative baj...
