—La semana que viene tienen que traerme preparada una representación teatral que trate de la famosa obra literaria de Shakespeare: Romeo y Julieta —avisó la profesora de literatura, haciendo que todas las personas en el aula comenzaran a quejarse y a lanzar maldiciones. Yo hice apego a toda mi fuerza de voluntad para no seguir el mismo ejemplo. Ese trabajo sólo significaba una cosa: adiós fin de semana—. Tranquilícense si no quieren que el trabajo sea individual —amenazó, provocando que todos guardaran silencio al instante—. El grupo puede ser de dos o tres personas, no quiero ningún grupo con un número que supere ese límite. Debo aclarar que cuando digo que es de Romeo y Julieta no tiene que ser expresamente de la parte romántica de la historia; puede ser de la parte de enfrentamiento, peleas, dificultades, etcétera. El punto es que debe ser de una escena de la obra. Iré preguntando por estudiantes para anotar sus parejas, así que más les vale guardar silencio.
Me di la vuelta en dirección a Jessica, y quedamos en que nos pondríamos juntas, sumando a Raini y luego pensaríamos qué parte de la obra interpretaríamos. Debido a que éramos de las últimas en la lista, nos quedamos sentadas esperando pacientemente nuestro turno.
—¿Hekings? —Preguntó la profesora mirando en dirección al último asiento de un rincón, haciendo que prestase atención, pues, debido a que el chico parecía no soportar a nadie, sentí curiosidad por saber qué diría—. ¿Hará el trabajo de manera individual?
—No, no —dijo, incorporándose en su asiento, y sorprendiendo tanto a la profesora, como a los demás estudiantes del aula—. Elijo a Danielle como mi compañera.
Entonces, todo se detuvo por un momento. Me volví hacia su dirección con lentitud, para descubrir que me miraba con una sonrisa maliciosa adornando su rostro. Me causaba gracia que un rostro tan angelical perteneciese a una persona que se comportaba como todo un demonio. Sentí la mirada de todos puesta en mí y no supe qué hacer o cómo reaccionar. Estaba en un grave estado de shock, y todo comenzó a darme vueltas. Quería vomitar.
—Bien —dijo la profesora, que también se había quedado congelada, y prosiguió pasando la lista.
Me pase el resto de la clase tomando apuntes con indicaciones para realizar el trabajo, pero sin prestar atención realmente. Seguía pensando en que tendría que reunirme con el idiota el fin de semana para poder sacar un sobresaliente, y esa idea me aturdía, ni siquiera sabía por qué me había elegido a mí. Bien, desde que comenzaron las clases hasta ahora (estaba finalizando mi segunda semana de clases, y hoy era viernes), él había hablado conmigo un par de veces, y cuando digo que hemos “hablado” me refiero a que nos hemos pasado el tiempo acusándonos e insultándonos mutuamente, y me había llamado una que otra vez mientras estaba aburrido, pero por lo que tenía entendido, él trabajaba solo, no le gustaba la compañía y ni siquiera éramos amigos. Aunque, ahora que lo pienso, tal vez sea cuestión de tiempo para que nos convirtamos en “amigos”… oh para que nos terminemos arrancando la cabeza, ¿quién sabe?, estando con él mi furia se sale de control y creo que produzco el mismo efecto en él.
Cuando sonó el timbre para ir al almuerzo, me quedé agazapada en el aula de clases, y le di a Jessica una escueta excusa de que me sentía un poco mal y de que tal vez fuese después para reunirme con el grupo aunque también le dije que no era muy seguro. No me sentía mal en lo absoluto, pero no me apetecía tener que oír sus comentarios respecto al comportamiento del idiota y tener que aguantarme el sinfín de preguntas que, seguramente, tenían preparadas para mí. Además, también quería interrogar al idiota y, a sabiendas de que no saldría del aula hasta que yo no lo hiciese, esperé a que todos mis compañeros salieran para poder tener un poco de privacidad, algo que era muy difícil de conseguir si me encontraba con él. Una vez no quedábamos más que nosotros dos, me levanté de mi asiento y cerré la puerta, recargando mi espalda sobre ella y manteniendo mi mano en el pomo de la misma. El idiota se levantó de su asiento y enarcó una ceja, mirándome con escepticismo.
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Designada ©
Romansa"No hay casualidad, sino destino. No se encuentra sino lo que se busca y se busca lo que está escondido." -Ernesto Sábato. Obra registrada en Safe Creative baj...
