Capítulo veintiocho: Llamada desconcertante.

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Había transcurrido una semana desde que Mark y yo habíamos iniciado una relación y, desde entonces, no sabía nada de la vida de Michael… Él no asistía al instituto, no respondía mis mensajes ni llamadas, no se había comunicado con nadie y no se sabía nada al respecto.

El punto es que estaba preocupada. Algo podría haberle pasado.

Joey, que era el único que probablemente contase con un poco de información de Michael, ya no se sentaba con Jessica y conmigo en la hora del almuerzo y cada vez que intentaba hablar con él a solas comenzaba a hacer preguntas acerca de cómo estaba Jessica y cuánto tiempo lo estaría torturando de este modo. Y entonces después se me agotaba el tiempo y no podía obtener información.

Mark también se había mostrado preocupado por el comportamiento de Michael y había intentado ir a visitarlo para hablar con él, pero éste último se negó rotundamente a verlo.

Es por eso que aquí estaba yo, después de salir del instituto e ir a mi casa para comer algo, frente a la puerta principal de la casa de Michael con mi mochila llena de todos los deberes que nos habían dejado en el instituto esta semana.

Venir a casa de Michael me ponía bastante nerviosa, pero necesitaba saber que él se encontraba bien.

Así que, toqué la puerta con dos golpecitos efusivos y junté las manos frente a mí para esperar a que la abrieran.

A los pocos minutos, la señora Bridge Coleman me abrió la puerta vestida con un pijama de cuerpo completo lleno de puntos de colores y con el cabello recogido en un moño flojo. Como siempre que me recibía en su casa, me dedicó una sonrisa amigable y sus ojos color miel me transmitieron simpatía, pero esta vez había algo más, era como si en sus ojos se pudiese ver un rayo de… ¿esperanza?, ¿alegría?

—Buenas tardes, señora Coleman. ¿Cómo ha estado? —saludé con un poco de timidez.

Ella me dio un efusivo abrazo, como de costumbre y luego se hizo a un lado para dejarme pasar.

—Hola, cariño. He estado bien, gracias, ¿qué hay de ti? Me alegro mucho de que hayas venido, ya se te echaba de menos por aquí, ¿todo bien? —dijo en tono animado.

Yo me aclaré la garganta.

—Todo bien, señora, gracias. ¿Se encuentra Michael? Es que he venido a traerle los deberes del instituto —expliqué.

La señora Coleman soltó un suspiro.

—Sí, está en su habitación… últimamente se pasa todo el día ahí y no ha querido ir al instituto. Se despierta en las noches con uno de sus antiguos terrores nocturnos y se la pasa merodeando por su habitación hasta altas horas de la noche, cuando voy a despertarlo para ver si se anima a asistir a clases, lo encuentro tan profundamente dormido que no tengo el valor de interrumpir su sueño. No sé qué le pasa, estoy empezando a preocuparme por él —Me explicó.

Yo abrí los ojos sorprendida. Michael se encontraba peor de lo que pensaba.

Por unos cuantos minutos, ninguna de las dos dijo algo.

—Sube si quieres, su habitación, es la segunda puerta a la izquierda —Por un momento, quedé helada ante las palabras de la madre de Michael. Él nunca me había dicho que su habitación quedaba frente a la que le había pertenecido a Jackson.

—Gracias, señora —dije antes de comenzar a subir el tramo de escaleras que ya me resultaba un poco familiar.

Cuando llegué finalmente a mi destino, me quedé unos minutos parada afuera sin saber si esto sería buena idea o no. Al final decidí tocar levemente y esperar a que Michael me abriera.

Designada ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora